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miércoles 03 de junio de 2026

Alejandro Klein / El surgimiento del cristiano y su relación con el antisemitismo: Las respuestas a los judíos de Tertuliano

Adversus Judaeos (Respuesta a o Contra los judíos) de Tertuliano, escrito hacia el año 200 d.C., es una obra apologética que argumenta que la Antigua Alianza de Israel fue temporal y ha sido sustituida por la Nueva Alianza en Cristo.

Es sin duda uno de los temas preferidos de los antiguos padres y doctores de la Iglesia y se centra en el argumento no solo de que la Ley es sustituida por el Evangelio, sino que además esa antigua alianza está ya absolutamente perimida.

Por supuesto, se sobreentiende que al frente de esa nueva alianza hay un nuevo dios, llamado Cristo y que su nuevo pueblo es ahora la Iglesia.

A los judíos no les queda sino aceptar esta nueva realidad, es decir, convertirse.

Como sabemos esa conversión no se dio en los términos que la Iglesia tanto anhelaba (que de haberse logrado hubiera implicado un grado de legitimidad desbordante para la misma), por lo que con el transcurso de los siglos y ya en la Edad Medía, los judíos ya no fueron el pueblo terco y obstinado, sino el pueblo pérfido y diabólico y esto entendido en pleno sentido literal: los judíos eran ahora los “hijos” del diablo, sino, el Diablo mismo.

Los argumentos de Tertuliano están muy bien estudiados y abarcan casi todos los aspectos de la Ley

En lo que a hoy refiere vamos a centralizarnos en sus argumentos sobre ser el pueblo elegido, la circuncisión, la observación del sábado y la parte última del escrito, el capítulo 14, centrado en el “error” judío.

Argumenta de esta manera que la ley jamás fue solo para el pueblo de Israel:

ya que prometió a Abraham que «en su descendencia serían benditas todas las naciones de la tierra»; y que del vientre de Rebeca «iban a proceder dos pueblos y dos naciones», —por supuesto, los de los judíos, es decir, de Israel; y los de los gentiles, es decir, los nuestros. Cada uno, pues, fue llamado pueblo y nación; para que, a partir de la denominación designativa, nadie se atreviera a reclamar para sí el privilegio de la gracia

Los judíos no tienen pues ningún tipo de privilegio, son simplemente una de las dos naciones. Pero más aún, Tertuliano argumenta que ya que en la historia bíblica el mayor estaría sometido al menor, es decir Esau a Iacob, es entendible pues que: “el pueblo anterior y «mayor» —es decir, el judío— debe necesariamente servir al «menor»; y el pueblo «menor» —es decir, el cristiano— vencer al «mayor».

Pero más aún, el pueblo mayor:según los registros conmemorativos de las Escrituras divinas [a qué registros se referirá?], el pueblo de los judíos —es decir, el más antiguo— abandonó por completo a Dios, y prestó un servicio degradante a los ídolos, y, abandonando a la Divinidad, se entregó a las imágenes”, es decir que los judíos en el fondo nunca fueron monoteístas sino que en el fondo siempre adoraron a muchos dioses… No se necesita mucho más para denigrar al judaísmo.

Pero no queda ahí la cosa. Pues no solo eran politeístas, sino que todo su postura de respeto a la Ley también siempre fue una falsedad, pues no han respetado el precepto fundamental:

si hubieran amado habitualmente a su prójimo —es decir, a sí mismos—, no habrían creído en la persuasión de la serpiente y, por lo tanto, no habrían cometido un asesinato contra sí mismos, al caer de la inmortalidad, al contravenir el precepto de Dios; también se habrían abstenido del robo, si no hubieran probado a escondidas el fruto del árbol, ni se hubieran apresurado a esconderse bajo un árbol para escapar de la vista del Señor su Dios; ni se habrían convertido en cómplices del diablo [entiendo que esta es la primera relación que la Iglesia hace de lo diabólico en los judíos, difamación de enorme éxito en el posterior medioevo] que afirmaba falsedades

No hay pues duda: pueblo díscolo, politeísta, siempre infiel a la divinidad, siempre engañoso.

Pero además, ni su observación del sábado ni de la circuncisión significan nada noble y distinguido:

dado que Dios creó a Adán incircunciso y sin observar el sábado, en consecuencia también su descendencia, Abel, al ofrecerle sacrificios, incircunciso y sin observar el sábado, fue elogiado por Él…. También Noé, incircunciso —sí, y que no observaba el sábado—— Dios lo libró del diluvio. También a Enoc, el hombre más justo, incircunciso y que no observaba el sábado… Lot, por su parte, hermano [en realidad: sobrino]de Abraham, demuestra que fue por los méritos de la justicia, sin observancia de la ley, por lo que fue liberado de la conflagración de los sodomitas”.

La carga argumentativa es pues decisiva: los judíos de nada pueden estar orgullosos. De nada pueden presumir. Y por ende, no tienen ningún privilegio.

Pero, Abraham, observa Tertuliano él estaba circundado…: “Sí, pero ya agradaba a Dios antes de su circuncisión; ni tampoco observaba el sábado. Pues había «aceptado» la circuncisión, pero como «signo» de aquella época, no como título privilegiado para la salvación. De hecho, los patriarcas posteriores no estaban circuncidados, como Melquisedec, quien, sin estar circuncidado, ofreció pan y vino al propio Abraham, ya circuncidado, a su regreso de la batalla…si la circuncisión trajera por sí sola la salvación, ni siquiera el propio Moisés, en el caso de su propio hijo, habría omitido circuncidarlo al octavo día; mientras que se acepta que Séfora lo hizo durante el viaje, por imposición del ángel”.

La conclusión no puede ser sino una sola: la ley, la circuncisión, el sábado, las leyes sobre los alimentos, en el fondo no eran lo fundamental para la divinidad. La divinidad quiere y aspira otras cosas, como el ser sumiso, agradable, espiritual. Todo lo que el pueblo judío, por supuesto no es, mientras que la Iglesia sí lo es…La circuncisión y el sábado son marcas materiales (innobles) para un pueblo “contumaz”, mientras que: “la [marca] espiritual ha sido dada para la salvación a un pueblo obediente”, es decir, la Iglesia.

Para reforzar su argumento Tertuliano cita a Jeremías 31-34 [ notablemente hará lo mismo Agustín de Hipona 229 años más tarde]:

He aquí que vendrán días, dice el Señor, y estableceré para la casa de Judá y para la casa de Jacob un nuevo pacto; no como el que una vez di a sus padres en el día en que los saqué de la tierra de Egipto», entendiendo que Jeremías está anunciando: “el próximo cese de la circuncisión anterior entonces dada, y la próxima promulgación de una nueva ley (no como la que Él ya había dado a los padres)”, cuestión tanto más notable porque lo que Jeremías anuncia en el hebreo original es justamente todo lo contrario: la restauración de la Ley y de Israel…

En definitiva, los judíos viven en el error. Estos los hace arrogantes (y despreciables). E ignorantes de la verdad fundamental:

el «Jesús» al que allí se alude es Cristo, el Sacerdote de Dios, el Padre altísimo; quien en su primera venida vino con humildad, en forma humana y pasible, incluso hasta el momento de su pasión; haciéndose Él mismo, a través de todas (las etapas del sufrimiento), una víctima por todos nosotros; quien tras su resurrección fue «vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies», y nombrado Sacerdote de Dios Padre para la eternidad

Huérfanos de la Ley verdadera y espiritual, huérfanos del Dios verdadero y espiritual, hijos prácticamente parricidas, el destino del pueblo judío ha de estar pues maldito y exiliados del destino y la Herencia del Mundo:

Por lo tanto, si ves que las naciones del mundo emergen desde entonces de la profundidad del error humano hacia Dios el Creador y su Cristo …te vendría a la mente la promesa del Padre diciendo: «Tú eres mi Hijo; hoy te he engendrado; pídeme, y te daré a las naciones como herencia, y como posesión tuya los confines de la tierra”.

Los judíos, un par de siglos más adelante, pagarán un precio muy duro por afirmaciones de este tipo. Y al igual que en la época de Tertuliano, no podrán hacer nada por poner coto a esta madeja de crasos errores.
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