Hace unas semanas atrás y a raíz de la profanación de sinagogas en Londres, tuve oportunidad de escuchar la entrevista que le hacían a un rabino en esa ciudad. En un inglés con fuerte acento de Europa central este rabino expresó, con una sonrisa, algo así como “qué bueno, que era otro episodio más entre tantos episodios de antisemitismo, que el pueblo judío había sobrevivido y seguiría adelante, que las relaciones con Inglaterra eran excelentes”. O sea, algo así como: “mañana será otro día…”
La entrevista tiene varios puntos que merecen ser considerados. En primer lugar, la BBC eligió a un rabino que se acercara lo más posible al estereotipo antisemita del judío: barba larga, vestido de negro, sombrero grande, acento extranjero.
No crean ustedes que es casualidad. Puedo asegurar que en Londres debe de haber cientos de rabinos que se visten de forma laica, sin barba, sin sombrero grande y con un correctísimo acento inglés.
Pero lo que aquí importa indicar es que este rabino se equivoca.
Y eso por varias razones.
Primero, porque los hechos han demostrado que esas profanaciones no son un hecho más, sino una escalada de violencia que parece ni cesar ni disminuir.
Segundo, porque el gobierno de Inglaterra, como todos los gobiernos de Europa, mantiene una actitud ambigua hacia estos hechos que condenan por supuesto, tal como indica lo políticamente correcto, pero manteniendo una actitud propalestina-gazatí, en la cual no creen obviamente pero que se origina a partir del miedo -tal vez pánico- que tienen a sus poblaciones árabes.
En otras palabras: el miedo puede más que la virtud y la moral.
Estos gobiernos, profundamente mediocres, ni ven ni pueden ver, que apoyar el relato de victimización de los gazatíes lleva a seguir sosteniendo el antisemitismo. Casi es un proceso de causa-efecto.
Pero hay otro motivo por el que el rabino se equivoca:
Y es que en términos morales, éticos y de dignidad el antisemitismo ya no debería de existir.
Tras dos mil años de persecuciones continuas, de violencia sostenida, de asesinatos por los que nadie ha pedido siquiera perdón, coronados con lo atroz y aún hoy casi imposible de procesar, el Holocausto, el mundo cristiano-occidental-liberal debería haber quitado de su piel y de su mente cualquier rastro, mácula y fragmento de antisemitismo.
No lo ha hecho.
No lo hará.
Eso lo dice todo.
El rabino se equivoca. Este antisemitismo no es un accidente más, ni es un “accidente” producto de personas traviesas.
Este antisemitismo está planteando de forma clara y contundente el lugar que el Mundo le asigna a los judíos en este siglo XXI.
Y ese lugar que se les asigna dice así:
“Ustedes no son bienvenidos”. “Ustedes no son tolerados”. “Ustedes merecen ser avergonzados y castigados”.
Mirar para el costado es ridículo.
Y no solo eso.
Es peligroso, enormemente peligroso, para la supervivencia del pueblo judío.
________________________________________________________________________
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío






