Hay un evento histórico fundamental que ocurrió previo a la salida de Egipto, 4 días antes, el 10 de Nisán. La Torá no lo describe en detalle, pero los Sabios no lo dejaron pasar y nos indicaron recordarlo llamándolo : “Shabbat HaGadol” — el Shabbat del gran milagro, que señala el extraordinario acto de valentía que le dio al pueblo judío el mérito de su libertad.
Veamos.
Un dios de cuatro patas
Para comprender lo que ocurrió ese Shabbat — que este año cae también un 10 de Nisán — hay que adentrarse por un momento en la cultura y religión egipcia.
Los egipcios tenían un panteón de dioses muy poderosos que supuestamente los protegían : Hapi, el dios del Nilo; Ra, el dios del sol; Geb, el dios de la tierra, etc. . Pero por encima de muchos de ellos se encontraba amón, el dios “carnero” — el macho de la oveja — símbolo supremo de la virilidad, la fertilidad y la creación de la vida. Según la mitología egipcia, amón había creado a los primeros seres humanos. Era, en cierto sentido, el dios de los dioses.
Las diez plagas habían sido, una por una, una demolición sistemática del panteón egipcio. ה׳ convirtió el Nilo — sagrado para los egipcios — en sangre. Hizo que las ranas, símbolo de la diosa Heqet, invadieran y devastaran el país. Transformó el polvo sagrado de Geb en piojos. Oscureció al todopoderoso Ra, etc. Cada plaga era un mensaje inequívoco: estos dioses son imaginarios. No tienen ningún poder. Son totalmente controlados por el Creador. Y no solo que no protegen a los egipcios — ¡se vuelven contra ellos!
Pero faltaba la plaga definitiva. La más audaz y psicológicamente devastadora. Yo la considero: la plaga número once.
Misión imposible
Cuatro días antes de Pésaj, ה׳ le dio a Moshé una orden que debió haber parecido una misión suicida: cada familia judía debía tomar un cordero — un carnero joven, el animal sagrado de Egipto — llevarlo a su casa, atarlo al poste de la cama y tenerlo allí durante cuatro días y sacrificarlo.
Imaginemos la escena. Los esclavos judíos — las personas que estaban en el último escalón de la sociedad — “secuestran” al dios de sus amos y lo atan a sus camas. En plena luz del día. Delante de sus amos. En el corazón de Egipto.
Los egipcios lo ven. Lo saben. Y… ¡no pueden hacer nada! Están paralizados.
Nueve plagas ya habían destruido su riqueza material — el río, los animales, las cosechas, la salud, la luz. Pero ahora se destruía algo más profundo: su mundo espiritual. Sus esclavos judíos, a quienes los egipcios consideraban inferiores, estaban tomando a su dios más sagrado y anunciando públicamente que iban a sacrificarlo. Y los egipcios, ante este acto de increíble valentía, ¡no pudieron reaccionar!
Esta plaga número once — no fue enviada por ה׳ directamente como todas las anteriores, sino que fue ejecutada por Bené Israel, los hijos de Israel, literalmente “con sus propias manos”.
La prueba para los judíos
Lo que ocurrió ese Shabbat no fue solo una demostración de poder ante Egipto. Fue también — y quizás principalmente — una prueba para los judíos mismos.
Durante generaciones habían vivido inmersos bajo la influencia de la cultura egipcia. Aunque en su corazón guardaban la fe de Abraham, Itzjak y Yaacov, tantos años de esclavitud dejaron huellas muy profundas en la mente y el corazón. Especialmente “miedo” a esos dioses con supuestos superpoderes.
Tomar ese cordero y llevarlo a sus casas era la prueba final: ¿habían entendido los judíos el mensaje de las diez plagas? ¿Estaban listos para declarar, con sus actos y no solo con palabras, que ה׳ es el único Dios y que los dioses de Egipto son falsos? Era una prueba de obediencia, también de Emuná (confianza) en que ה׳ los protegería.
Si eran capaces de tomar el cordero, significaba que se habían liberado mentalmente de Egipto y de sus supersticiones. Y la libertad mental siempre debe preceder a la libertad física.
La salida de Egipto comenzó en cierto sentido, ese Shabbat — con ese acto de valentía que nos hizo merecer nuestra libertad.
¿Un moderno Shabbat Hagadol?
Han pasado más de tres mil años y Shabbat Hagadol sigue siendo absolutamente actual.
El Estado de Israel vive rodeado de naciones que no ocultan su deseo de destruirlo. Y sin embargo, Israel existe y persiste. Construye. Crea. Se defiende y -a partir del 7 de octubre de 2023, ya no espera a ser atacado: sino que ATACA a sus enemigos en su propio territorio.
Hay algo en la resiliencia judía, en esa capacidad de seguir de pie después de todo, que produce en el mundo una mezcla de asombro, incomodidad y, en ciertos casos, parálisis.
En este momento Israel está llevando a cabo una guerra ¡a 2.500 km de distancia! En secreto, despierta la admiración del mundo entero: un ejército relativamente pequeño enfrenta amenazas que harían colapsar a muchos ejércitos más grandes.
Hay naciones antagónicas que quisieran reaccionar militarmente contra Israel — pero “algo” las detiene. Una mezcla de interés propio, miedo y, quizás, en algún rincón, el reconocimiento de que hay algo en este pueblo que no se puede simplemente borrar. Como los egipcios ante el cordero que iban a sacrificar los judíos.
Lo que recordamos este Shabbat Hagadol
Unos días antes de sentarnos en el Séder, recordamos que la historia de la salida de Egipto comenzó cuando un esclavo judío, con manos temblorosas pero corazón firme, trajo un cordero a su casa y le dijo al mundo: nosotros obedecemos al Creador y no tenemos miedo.
Esa valentía — la valentía de ser judío abiertamente, orgullosamente, en medio de un mundo que muchas veces no lo comprende — es la misma valentía que celebramos cada año en Shabbat HaGadol.
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