Alejandro Klein / El conflicto de los (erróneamente) llamados ortodoxos no es ante el servicio militar. No nos confundamos: Hay otro judaísmo posible

Para entender cabalmente qué se juega en torno a estos sujetos que atentan contra la legalidad y las instituciones de Israel hay quizás que poner en contexto el sentido íntimo y último de lo que significó el sionismo en la historia del pueblo judío.

Porque sin duda podemos poner en entredicho qué podía significar “normalizar” a los judíos de Europa central y del Este y más aún, luego de calibrar todo lo que ha pasado desde el 1er Congreso Sionista de Basilea en 1897 hasta el día de hoy, podemos calificar de penosamente ingenua la idea de que el antisemitismo podía desaparecer.

El sionismo fue quizás la primera ideología laica entre los judíos, es decir, el primer movimiento que decidió que la identidad judía no dependía sola o exclusivamente de la Revelación, Dios, Moisés y las Tablas de la Ley.

Como movimiento laico y secular, planteó un cuestionamiento a la tradición, a lo tradicional, a siglos de frases, rezos y explicaciones transmitidas con mucha veneración y poco raciocinio. Es decir, el sionismo planteó -explícita o implícitamente-que también el pueblo judío podía de forma racional emprender una revisión profunda y crítica de lo heredado, para desde allí proyectar una nueva versión de sí mismo.

Desde allí se implantó la posibilidad de revisar el concepto de destino trágico e irreversible, por una actitud altiva (en el mejor sentido del término) en términos de poder decidir y emprender un nuevo proyecto para el pueblo judío. Este proyecto nunca fue religioso aunque las ambigüedades se mantuvieron, punto que espero poder desarrollar en otra contribución.

A partir del hecho de poder decidir sobre su destino, sobre su posibilidad de ser distintos y vivir de forma distinta, estos judíos marcaron una actividad instituyente de profunda libertad emancipatoria.

Se trató de una actividad lúcida y racional (pero también fuertemente emocional) que ya no podía aceptar el pasado de Israel solo como un pasado religioso, sino como un pasado sujeto a circunstancias históricas y sociales que ya no se podían resolver simplemente con las fórmulas divinas y proféticas.

Era una demarcación que ponía fin a siglos de fatalismo y que exigía repensar críticamente qué podía significar la expresión: “pueblo elegido” en términos de una exclusividad que no era sino martirio y horrenda biografía de asesinatos y violencia.

Fue quizás el momento decisivo del pasaje del “pueblo elegido” a un “pueblo-que-se-elige-a sí mismo”.

Es decir, de una u otra manera, el sionismo imponía revisar nociones e interpretaciones que por siglos se habían transmitido sin resonancia crítica y sin evaluación histórica.

Por ende, y volviendo a los llamados ortodoxos, es claro que estos sujetos, que siempre actúan en grupo, que son una masa (tan masa como la masa antisemita) muestran su violencia intrínseca no solo en términos de rechazar el servicio militar, sino de forma más radical como reacción desesperada frente a un Estado, que en tanto Estado sionista laico, los cuestiona, los interroga y los hace sentir inseguros en su fanatismo intransigente.

Se les llama ortodoxos. Dudo que el término sea correcto

Y esto por dos razones.

Una, que es cuestionable que estos sujetos sean “ortodoxos” de la religión judía. Algo así como entender que son sus fieles representantes, sus exacerbados servidores y custodios. Pero en realidad estos sujetos solo custodian y protegen su forma de vivir. Es decir, solo se protegen a ellos mismos.

Y dos, porque es cuestionable que estos sujetos sean verdaderos custodios de la religión judía. Sí quizás de una posible versión del judaísmo, intransigente y fanático, judaísmo refutada en el libro de Ruth, pero principalmente por la figura de Hillel y su escuela, judaísmo representado en la famosa sentencia definitoria :

No hagas a tu prójimo lo que no quieres que te hagan a ti; todo lo demás es comentario”.

Pero a decir verdad, también se podría alegar que Hillel es el gran continuador de los profetas del siglo VIII a.e.c.  Uno de ellos, Amós, de forma notable enseñó (traducción propia):

שָׂנֵ֥אתִי מָאַ֖סְתִּי חַגֵּיכֶ֑ם וְלֹ֥א אָרִ֖יחַ בְּעַצְּרֹֽתֵיכֶֽם

5, 21 “Aborrezco, (repudio) las fiestas de ustedes. Y no tengo ánima (alma) ni en las asambleas (urgentes) de ustedes”

כִּ֣י אִם־תַּעֲלוּ־לִ֥י עֹלֹ֛ות וּמִנְחֹתֵיכֶ֖ם לֹ֣א אֶרְצֶ֑ה וְשֶׁ֥לֶם מְרִיאֵיכֶ֖ם לֹ֥א אַבִּֽיט

5, 22 “Y presentes de ustedes no quiero. Y ofrendas de ganado engordado no miro (apruebo)”

הָסֵ֥ר מֵעָלַ֖י הֲמֹ֣ון שִׁרֶ֑יךָ וְזִמְרַ֥ת נְבָלֶ֖יךָ לֹ֥א אֶשְׁמָֽע

5, 23 “Aparta de mí ruido (alboroto) (clamor) (aullidos) de canciones de ustedes. Y cánticos (el mejor de los frutos) (que es ramita) de sus instrumentos (impiedades) (perversidades) no escucharé”.

ִּ֣ כִּ֣י כֹ֥ה אָמַ֛ר יְהוָ֖ה לְבֵ֣ית יִשְׂרָאֵ֑ל דִּרְשׁ֖וּנִי וִֽחְיֽוּ

5, 4 Así dice Yahvé  a la casa de Israel, Búsquenme y vivan”

Así pues, hay un judaísmo que no es ni gritos al aire, ni violencia, ni religión de sacrificios, ni de tercer templo, ni religión de rituales santificados, ni de vestirse de determinada manera, ni de mantener fiestas como si fuesen ídolos, ni de ser masa (asamblea), sino que hay otro judaísmo, un judaísmo donde se busca, se interroga y se vive, desde la moral y la honestidad de una interioridad  diferente y altiva y no desde la hipocresía de signos externos…

Estos (erróneamente) llamados ortodoxos claro que lo saben y claro que han leído a Amós y debo entender además que saben de Hillel.

Solo que el Estado de Israel les recuerda, les guste o no, que ese otro judaísmo sí es posible.
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