Heredamos genes, patrimonio o apellidos. Hay herencias invisibles también. Heredamos preguntas sin respuesta, duelos inconclusos, secretos familiares, exclusiones y formas de sobrevivir al dolor.
La historia no termina cuando quienes la vivieron desaparecen. A veces continúa habitando a sus hijos, hijas, a sus nietos y a quienes jamás conocieron los hechos que cambiaron el destino de su familia.
Lo que una generación no logra elaborar, puede reaparecer en forma de síntoma, conflicto, silencio o destino.
Con la visión e intervención de la Psicología Transgeneracional , aquello que se transmite también puede comprenderse, transformarse y dejar de repetirse.
Las injusticias habitan el futuro. No heredamos la guerra, las migraciones forzadas, la violencia familiar, sexual o de género, Heredamos sus consecuencias.
Algunos casos ilustran.
En el caso de un adolescente detenido por un delito violento, la sociedad suele hacerse una pregunta inmediata: ¿qué hizo?
La Psicología Transgeneracional propone una pregunta adicional: ¿Qué ocurrió antes?
Al explorar su historia aparecen asesinatos familiares, encarcelamientos, violencia extrema, pérdidas tempranas y generaciones completas viviendo bajo la ley del miedo.
El delito sigue siendo responsabilidad del joven, pero su historia deja de verse como un hecho aislado. Se convierte en el último capítulo de una historia mucho más antigua que debe apalabrarse.
Ningún ser humano comienza con su fecha de nacimiento.
El siguiente caso es de un padre que abandona a su descendencia, desafortunadamente contemporáneo y socialmente relevante.
Una mujer cría sola a sus hijos después de años de abandono económico y emocional por parte del padre.
La historia parece comenzar allí. Al reconstruir la memoria familiar aparece algo inquietante: el abuelo también abandonó a sus hijos; un bisabuelo desapareció durante años; varias generaciones crecieron con hombres ausentes y mujeres obligadas a sobrevivir solas.
La deuda alimentaria no era solamente una deuda económica. Era también una deuda relacional transmitida durante generaciones.
Comprender esa cadena no justifica a nadie. Pero permite entender que detrás de un fenómeno social existe una historia que se reproduce una y otra vez mientras nadie la mira. La injusticia se instala y otorga permisos que siembran miseria humana.
La deuda alimentaria desde la Psicología Transgeneracional, no sólo deja hogares sin recursos; también deja generaciones enteras preguntándose por qué no fueron suficientemente importantes para que el padre se quedara. Las mermas son cognitivas, emocionales, relacionales y matizan las decisiones más importantes de la vida.
Cuando un joven llegó a consulta con ataques de ansiedad, nadie imaginó que la historia comenzaba décadas antes de su nacimiento, en una guerra que él nunca vivió y de la que no se hablaba en su familia.
Esa es una de las preguntas que atraviesa Herencia, vínculo y reparación:
¿De qué manera las experiencias no resueltas de una generación continúan influyendo en las siguientes? Y, sobre todo, ¿Es posible interrumpir esa transmisión?
Durante años, la explicación pareció encontrarse únicamente en él: su personalidad, sus experiencias, sus decisiones. Más tarde apareció una historia familiar casi silenciada. Su abuelo había sobrevivido a una guerra. Había perdido familiares, había vivido persecución, hambre y desplazamiento. Durante décadas habló poco de ello. El dolor quedó guardado. Pero el miedo permaneció.
El nieto nunca vivió aquella guerra. Nunca escuchó los detalles. Nunca vio las escenas que marcaron la vida de su abuelo; sin embargo, creció en una familia organizada alrededor de una sensación permanente de amenaza.
Historias como ésta son el punto de partida de Herencia, vínculo y reparación. Aportes de la Psicología Transgeneracional, una obra colectiva que propone una pregunta tan sencilla como profunda:
¿Cuántos de los problemas que enfrentamos hoy comenzaron antes de que nosotros naciéramos, y antes de la madre y el padre?
El libro reúne al cuerpo docente del INSTITUTO DE ESTUDIOS TRANSGENERACIONALES, que celebra un cuarto de siglo. Exploran algunas de las problemáticas sociales más complejas de nuestro tiempo desde una perspectiva innovadora. A través de teoría, investigación, reflexión multigeneracional y documentación de casos, la obra analiza cómo determinadas experiencias humanas dejan huellas que pueden proyectarse sobre las generaciones siguientes.
Las páginas del libro recorren temas tan diversos como las consecuencias de las guerras y los traumas colectivos, los duelos no resueltos, la violencia familiar, las adicciones, los síntomas persistentes, las problemáticas de jóvenes en conflicto con la justicia, las dinámicas familiares relacionadas con los deudores alimentarios y diversos procesos vinculares presentes en familias con duelos, violencia familiar y exploran dinámicas que conviven con el espectro autista.
En el libro hay evidencia de que aquello que se transmite también puede comprenderse, transformarse y dejar de repetirse con la perspectiva transgeneracional.
Esa es quizás la aportación más importante de esta obra.
Lejos de promover una visión fatalista del destino humano, el libro devuelve la esperanza.
Esperanza para quienes han sentido que viven atrapados en historias que no entienden.
Esperanza para quienes trabajan diariamente con personas que cargan sufrimientos complejos.
Esperanza para profesionales de la salud, la educación, la justicia y el desarrollo comunitario que buscan nuevas formas de comprender problemáticas profundamente arraigadas.
Esa esperanza es la que siembran en CEMEFI bajo la dirección de Ricardo Bucio. Tuvimos el privilegio de que presentara el libro.
Porque comprender una historia no significa quedar atrapado en ella. Significa ampliar la conciencia sobre ella.
Desde esta perspectiva, la reparación no equivale al perdón ni al olvido. Reparar significa mirar, nombrar, comprender.
Por ello, Herencia, vínculo y reparación puede leerse también como una herramienta para la construcción de una cultura de paz.
Una paz que no nace de negar el sufrimiento ni de borrar la memoria, sino de comprender cómo las heridas humanas viajan a través del tiempo y cómo es posible interrumpir los ciclos de repetición que perpetúan la violencia.
En un contexto mundial marcado por guerras, desplazamientos, polarización social, violencia intrafamiliar y profundas fracturas comunitarias, esta obra invita a pensar que muchos de nuestros desafíos contemporáneos requieren una mirada más amplia que la del individuo aislado.
Nos invita a mirar la historia que vive detrás de la historia.
Tal vez la pregunta más importante que plantea este libro no sea qué heredamos, sino qué haremos con aquello que recibimos.
Si el sufrimiento puede transmitirse de generación en generación, también pueden transmitirse la conciencia, la responsabilidad y la capacidad de construir futuros diferentes.
Y quizá allí resida la esperanza más profunda de esta obra: recordarnos que comprender la historia que nos habita puede ser el primer paso para dejar de repetirla y que la reparación también habitará el futuro.
Raquel Schlosser, PhD
Rectora y fundadora del Instituto de Estudios Transgeneracionales.
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