Estamos en plena celebración de los doscientos cincuenta años de la independencia de los Estados Unidos de América y del campeonato Mundial de Fútbol. Eventos multitudinarios y con gran despliegue de recursos, efectos. Derroche en general. En medio del verano inclemente y desórdenes en varias partes del mundo. Excesos de una humanidad que debiera ser más feliz y segura de lo que ciertamente es.
La institución que más orden parece poner en este planeta es la FIFA. A final de cuentas, siguiendo las reglas básicas de un juego emocionante y emotivo, logra que haya juegos, eliminatorias, torneos y campeonatos a los cuales se ciñen los más variados países y disímiles mentalidades. Con un puñado de principios, árbitros en el terreno, jueces de líneas y rayas, todos felices aun cuando solo uno se erigirá campeón mundial. La violencia se castiga con una que otra tarjeta de color, las dudas se disipan a través de meticulosos pero sencillos videos.
El mundo fuera de las canchas de fútbol es algo deprimente en nuestros días. Guerras y conflictos que no cesan, sin fin cierto a la vista. La guerra en Ucrania es una constante. El fin de las hostilidades en el Medio Oriente es una historia siempre postergada. Cambios de alianzas y traiciones cotidianas. Sufrimiento de poblaciones inocentes en su mayoría, algo cómplices otras veces.
Al final de la Segunda Guerra Mundial el mundo parecía encaminado a un cierto orden y respeto, a una introspección colectiva que significaría menos y más pequeños conflictos. Los años transcurridos desde entonces no han significado que esto se haya materializado. La humanidad no ha aprendido. Ha redoblado los esfuerzos de violencia.
Una de las situaciones que llaman la atención es la incompetencia de las instituciones y los organismos internacionales. Las Naciones Unidas, con un gran presupuesto y muchas sesiones, resulta incapaz de poner fin a un conflicto. Es muy eficiente en condenar, sobre todo a Israel. No corrige conductas, no presiona y no soluciona. Algo parecido ocurre con la Cruz Roja, su presencia se desvanece en muchos ámbitos. No vale la pena describir su triste papel en el prolongado episodio de los secuestrados en Gaza desde el 7 de octubre del 2023 a octubre del 2025.
El mundo sin instituciones operativas y eficientes ha quedado a merced de los países poderosos. Países que detentan poder militar y económico. Los vacíos siempre se llenan, no siempre con lo más conveniente. Mentalidades imperiales que renacen para poner el orden necesario, más para sus ambiciones particulares y hasta egoístas, que para el bienestar global. Resulta que dan órdenes, creen poner orden y dictan pautas. Los países más pequeños, los menos poderosos, deben confiar en que sus necesidades sean compatibles con los intereses de los poderosos, pues está demostrado que no son exclusivamente los principios puramente éticos y de justicia los que privan en las decisiones imperiales. Cuando uno y otro de los intereses no es compatible, pierde el más débil. Es obvio.
En los propios países, internamente, tanto en los más poderosos e influyentes como en los menos importantes relativamente, también existe una falta de institucionalidad y respeto. Se traduce en injusticias, se percibe en el intercambio grosero de palabras entre políticos, funcionarios, servidores públicos en funciones, en la prensa y público en general. Los niveles de debate resultan muchas veces en intercambios irrespetuosos que influyen en el ánimo de la población y en la conducta ciudadana. Muy poco educativa para las generaciones jóvenes y de relevo. Así las cosas, el futuro luce algo sombrío.
No hace falta dar muchos nombres y detalles. Basta con seguir las actuaciones de muchos presidentes, los debates en los parlamentos de muchos países, los programas de opinión que invitan a personajes enfrentados, para constatar lo antes señalado. Son países del llamado primer mundo, algo que parece quedar grande.
Existen las instituciones y las normas que las rigen. Pero falta la institucionalidad que ha de acompañarla. En nuestros tiempos, en nuestros días…
Elías Farache S.
5 de julio de 2026
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