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viernes 17 de julio de 2026

Rabino Yosef Bitton / Har Habayit: El 9 de Ab y la teología del basural

PARASHAT DEBARIM – SHABBAT JAZÓN

Estoy de vuelta en NY. Dejé Israel hace dos días, pero me traje algo muy importante conmigo: un libro nuevo. Un inesperado regalo de mi hijo Jacob, que conoce mis gustos literarios y mi curiosidad. El libro se llama “HaBayit” (literalmente, “La Casa”), escrito por Arnon Segal. No conocía al autor, y tampoco el libro, a pesar de que fue publicado en 2021. Me siento culpable de no haberlo leído antes… Desde este pasado Shabbat que lo recibí, ¡no lo puedo dejar! Creo que debería ser traducido a todos los idiomas posibles. El tema es el Har Habayit“, en español: el Monte del Templo.

El libro comienza por la estructura interna subterránea del Monte del Templo, donde estaba el Bet Hamikdash, el lugar más sagrado del mundo para el pueblo judío. Es impactante. Me di cuenta de que no sabía nada sobre este tema. Hay una enorme cantidad de cuevas y pasadizos subterráneos, la mayoría cerrados, o a 30, 50 o 100 metros bajo la superficie. Y unos 48 pozos o cisternas de agua (sic!). La cisterna número 8, por ejemplo, tiene capacidad para varios millones de litros. Y el agua le llegaba desde las piscinas de Shelomó, cerca de Bet Léjem, por un acueducto de unos 20 kilómetros, que fue hecho sin ningún instrumento moderno de medición.

La Mishná (en Midot y Pará) menciona algunos de estos sistemas de agua para el servicio del Bet Hamikdash. Los arqueólogos encontraron lo que las fuentes judías dijeron hace dos mil años.

El libro va repasando los descubrimientos arqueológicos de los últimos siglos. No es fácil de entender para los que somos ignorantes en este tema, así que lo voy a tener que leer una segunda vez, por lo menos.

HISTORIA

Luego el autor se enfoca en lo que a mí más me apasiona: la historia del Monte del Templo. Me parece un tema muy indicado para repasar en la semana de Tishá BeAb.

Voy a comenzar por una de las ideas que más me impactaron, y que aparece al principio del libro. Tan impactante y reveladora ha sido esta idea para mí, que de pronto, por primera vez, comprendí “la razón original del antisemitismo europeo cristiano”. De pronto encontré la respuesta a muchas preguntas pendientes: ¿por qué los bizantinos nunca construyeron una iglesia en el lugar del Templo? (Por muchos años lo consideré un milagro, y recién ahora lo entendí.) ¿Por qué el Vaticano se opuso, y se opone, con tanta tenacidad a reconocer una Yerushalayim judía, que protege el derecho de culto de todas las religiones? ¿Por qué la hostilidad de todos los Papas hacia Israel? ¿Por qué el Papa Francisco habló “con desesperación” cuando EEUU reconoció a Yerushalayim como capital de Israel? ¿Por qué el Vaticano condena obsesivamente al Estado judío, ¡cuando Israel se defiende!, y se queda callado ante los innumerables ataques de musulmanes extremistas a cristianos que son torturados y asesinados (por ejemplo: Nigeria)? Todo esto, y mucho más, me quedó en claro al entender UNA SOLA IDEA, mencionada en el libro incidentalmente: “una profecía” del Nuevo Testamento.

Lo comparto porque entenderlo nos va a ayudar a los Yehudim a abrir los ojos, comprender el origen del antisemitismo y pensar qué deberíamos hacer al respecto.

LA PROFECÍA

El texto de Mateo (24:2) pone en boca de Yeshú una profecía sobre el Bet Hamikdash:

“No quedará aquí [en el Monte del Templo] piedra sobre piedra, que no sea derribada”.

Cuando los romanos destruyeron el Templo, la Iglesia que recién nacía leyó en esa destrucción la confirmación de su nueva fe. Las ruinas de Yerushalayim probaban, para ellos, que la Presencia Divina había abandonado definitivamente a los judíos, y demostraban que el “Viejo Testamento” (la Torá) había caducado ante el Nuevo, y que el “viejo Israel” (el pueblo judío) había sido sustituido definitivamente por el “nuevo Israel”, la iglesia. Esta doctrina se conoce como la “teología del reemplazo”.

Para que la profecía acerca de las ruinas del Monte del Templo siguiera siendo el testimonio de la cancelación del estatus del pueblo judío como pueblo elegido, los bizantinos, los primeros cristianos, lo convirtieron deliberadamente “en el basural de Yerushalayim”. Esto no es metafórico: consagraron el Monte del Templo como el lugar donde se tiraba y se quemaba la basura de la ciudad. El Har Habayit quedó como la más humillante evidencia del “desplazamiento” del pueblo judío.

LA HISTORIA DE LA PROFECÍA

Eusebio de Cesarea (siglo IV), el primer historiador oficial de la Iglesia, escribió que las ruinas del Templo en el Har Habayit eran el testimonio visible del castigo divino a los judíos. Juan Crisóstomo (386-387) señalaba al basural de Yerushalayim como la mejor prueba de la teología del reemplazo: si Dios no hubiera abandonado a los judíos, decía, el Templo estaría en pie.

Jerónimo (c. 347-420), que vivía en Bet Léjem, dejó la descripción más gráfica. En su comentario a Tsefaniá habla de los judíos que llegaban, humillados, cada 9 de Ab a llorar sobre las ruinas del Templo. Bajo el dominio romano y bizantino, que duró unos 500 años, los judíos tenían prohibido “residir” en Yerushalayim. Un solo día al año se les permitía entrar, pagando por el acceso, para lamentar la destrucción. Jerónimo describe sin compasión a los ancianos y mujeres en harapos, llorando sobre las piedras. “El pueblo que compró la sangre de Yeshú“, escribe, “tiene que pagar ahora por sus propias lágrimas: ni siquiera el llanto les es gratuito”. Para Jerónimo, esa escena era teología en vivo: el pueblo rechazado, llorando frente a la prueba de su rechazo.

¡Para los primeros cristianos, la “santidad” del Monte del Templo consistía específicamente en que quedara en ruinas! Era la “evidencia” irrefutable de la nueva religión, que clamaba, nada menos, que el Pacto original entre Dios e Israel debía ser aplicado ahora a los nuevos elegidos de Dios: la iglesia.

La obsesión con mantener las ruinas como testimonio fundacional del cristianismo era tan fuerte que la cristiandad bizantina ni siquiera se permitió construir una iglesia en ese predio. De hecho, los emperadores levantaron iglesias monumentales, como la del Santo Sepulcro de Constantino o la Nea de Justiniano, pero “fuera del Monte”, en lo que es hoy la ciudad vieja de Yerushalayim. Todo para que el Har Habayit quedara deliberadamente cubierto de escombros y basura. El Monte en ruinas se transformó en la prueba viviente del cristianismo.

Y viceversa.

JULIANO: ¿CÓMO ELIMINAR AL CRISTIANISMO?

En el año 363 ocurrió algo extraordinario. El emperador romano Juliano se propuso restaurar el paganismo. Para eso, debía dar un golpe teológico mortal al dogma cristiano. Y la mejor manera de probar que el cristianismo era falso ¡era reconstruir el Templo judío en el Har Habayit! Y así, les ordenó a los judíos hacerlo. No era amor de Juliano por los judíos, sino su obsesión por refutar la profecía de Mateo, el argumento fundacional de la Iglesia. El plan de Juliano, finalmente, no funcionó. La obra se interrumpió por un terremoto, y Juliano murió pocas semanas después en su campaña contra Persia. Las ruinas del Templo quedaron más abandonadas que nunca, y el Monte volvió a ser usado como un quemadero de basura.

Esta situación terminó recién con el fin del dominio bizantino, cuando el califa Omar tomó Yerushalayim en el año 638. Las crónicas relatan que Omar pidió ver el sitio del Templo de Shelomó y lo encontró sepultado bajo montañas de desperdicios. Ordenó limpiarlo, y según la tradición participó él mismo, cargando escombros en su manto. En esos tiempos, los musulmanes eran más afines a los judíos que a los cristianos. Y el islam no tenía la necesidad teológica de que las ruinas siguieran siendo ruinas. Por eso construyeron allí las mezquitas que están hasta el día de hoy.

LA PEOR PESADILLA

Aclaremos aquí dos cosas: 1. La teología del basural concierne, en estos días, a ciertas corrientes católicas, fieles al Vaticano o aun más extremistas que el Vaticano. Los cristianos evangelistas, sin embargo, esperan exactamente lo contrario: ¡desean que se construya el Tercer Templo! Para entender ese tema interesantísimo hace falta otro artículo aparte. 2. No me estoy refiriendo aquí al antisemitismo islamista; no porque no exista, sino porque es también un tema para otra conversación.

La doctrina cristiana original sobrevivió al basural bizantino por siglos. Y en la época moderna se reencarnó en el rechazo de la Iglesia católica a cualquier movimiento que alentara el regreso de los judíos a Israel.

En enero de 1904, Theodor Herzl fue a visitar al Papa Pío X. Herzl quería pedirle su apoyo para el retorno judío a Erets Israel. La respuesta del Papa, registrada por Herzl en su diario, resume la teología del reemplazo en una frase: “Los judíos no han reconocido a nuestro Señor; por lo tanto, nosotros no podemos reconocer al pueblo judío”. No sea que los judíos, Dios libre, vuelvan a Sion y reconstruyan allí el Templo.

Pero como, a pesar de todas las guerras y embargos, Israel no desaparecía, al Vaticano no le quedó otra… Para salvar la teología original, que sostenía que el pueblo deicida estaba condenado a vivir sin estado (“el dogma del judío errante”), tuvo que convocar su Segundo Concilio y modificar su propia teología con la declaración Nostra Aetate de 1965, que “absuelve” al colectivo judío contemporáneo por el deicidio de sus padres.

Pero muy poco después, en junio de 1967, llegó la peor pesadilla teológica que la Iglesia sufrió en 2.000 años: ¡el ejército de Israel conquistó Yerushalayim!

LA OBSESIÓN DE LOS NUEVOS TEÓLOGOS

Y esta es la batalla final para el Vaticano. Es lo que la teología cristiana llama ‘el Anticristo’, como la llama Carlson, el poder demónico que llega para luchar contra su teología. Por lo tanto, jamás reconocerá la soberanía judía sobre Yerushalayim. Como no se puede ser más explícito, la posición oficial del Vaticano es reclamar un estatuto especial para que Yerushalayim sea una ciudad internacional, donde “haya lugar para todas las religiones”. El problema es que en Yerushalayim hay total libertad de culto. En realidad, parece que al Vaticano no le molestaría que Yerushalayim fuera musulmana. Un dato importante lo demuestra: entre 1948 y 1967, Jordania ocupaba la ciudad vieja de Yerushalayim. Destruía las sinagogas del barrio judío, profanaba el cementerio del Monte de los Olivos y les prohibía a los judíos el acceso al Kotel. En esos años, el Vaticano nunca organizó una campaña para internacionalizar Yerushalayim. Su activismo por el “estatuto especial” se despertó recién cuando la Ciudad Santa pasó a la soberanía específicamente judía. Porque todo es tolerable, menos que los judíos intenten reconstruir el Tercer Templo.

APOCALIPSIS “NOW”

Este mismo sentimiento se refleja, directa e indirectamente, en el obsesivo antisemitismo de muchos influencers modernos en 2025 y 2026, que, confieso, recién ahora comprendo en profundidad.

Tomemos como ejemplo a Nick Fuentes: un influencer antisemita norteamericano que, desafortunadamente, tiene cientos de miles de seguidores. Fuentes es católico, de la corriente que se autodenomina “tradicionalista“: el sector más conservador de la iglesia, que rechaza el Concilio Vaticano II y sus reformas, específicamente la declaración que “absolvió a los judíos del deicidio”. Nunca comprendí por qué Fuentes se obsesiona tanto con el tema del Tercer Templo. Hasta que leí este libro.

Veamos solo un par de ejemplos:

En marzo de 2024, cuando el presidente argentino Javier Milei visitó Israel y habló de reconstruir el Tercer Templo, Fuentes reaccionó así en su programa:

“[Milei] reza y llora en el Muro Occidental con un rabino al lado, y con una kipá puesta. Después da un discurso y dice que Israel debería destruir el santuario llamado la Mezquita (esto no lo dijo Milei, YB)… y reconstruir el tercer Templo… Esto es una ‘judiada’ total. Es el Anticristo, una acción totalmente hostil contra Jesucristo y contra Dios”.

Luego, Fuentes resumió 2.000 años de teología del reemplazo en una sola frase:

Todo intento de los judíos de reconstruir el tercer Templo ha sido frustrado por Dios, porque fue Dios el que destruyó su segundo templo. Fue Dios el que expulsó a los judíos, cuando llegó Yeshú… [y fue rechazado por los judíos]”.

En este otro video, en plena guerra de EEUU e Israel contra Irán, en marzo de 2026, Fuentes vuelve a hablar de la posibilidad del Tercer Templo con terror: “Tengo más miedo de que EEUU gane que de que pierda. Si perdemos, honestamente, me voy a sentir aliviado. Si ganamos… ¡van a construir el tercer Templo! ¿Y qué pasa entonces? ¿Habrá otro terremoto [como en los tiempos de Juliano, YB]? ¿Lo van a lograr? Y si lo logran, creo que es el final del planeta”. Es el fin del mundo.

El fin del Mundo = ¿El final del catolicismo tradicional?

Solo ahora puedo comprenderlo.

Algo parecido ocurre con otro norteamericano antisemita explícito, mucho más influyente que Fuentes, con decenas de millones de viewers, llamado Tucker Carlson. Este video es la acusación de Carlson a los cristianos que apoyan el Tercer Templo, y su argumento de que el Tercer Templo es la mayor ofensa posible al cristianismo.

Ahí Carlson dice, con todas las letras, que un templo judío en Yerushalayim “negaría a Yeshú”, sería “el Anticristo”, y que un cristiano que apoye su reconstrucción es “más que un apóstata”.

Solo ahora entiendo lo que dicen.

La doctrina del Templo-basural necesita que no se cumpla la visión judía de la reconstrucción del Bet Hamikdash. Que permanezca el statu quo actual: el Monte del Templo en las manos musulmanas del Waqf. Es un juego de todo o nada para el cristianismo. El Tercer Templo es su más terrible pesadilla. El apocalipsis. El fin del mundo. Como dijo explícitamente Fuentes.

TISHÁ BEAB

El 9 de Ab, los judíos lloramos por la destrucción del Templo y rogamos a Dios por el Tercer Templo. Nuestras profecías son exactamente contrarias a la mencionada por Mateo. Mateo dijo que “no quedará piedra sobre piedra”. Y nuestros profetas dijeron que al final de los días el Todopoderoso reinará sobre todo el planeta, desde Su Bet Hamikdash en el Monte de Sion, Har Habayit, Yerushalayim.

Las piedras del Bet Hamikdash las estamos juntando y las vamos a volver a poner, una sobre otra.

Lo que para Fuentes y Carlson es el fin del mundo, para nosotros será la Gueulá: el fin de nuestro largo exilio.

SHABBAT SHALOM

Rab Yosef Bitton
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