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Cuatro consejos judíos para recién casados

Cuando se acaba la boda, se va la gente y se llevan las rosas empieza la verdadera relación. No es fácil al inicio acomodarse a una nueva dinámica, una nueva comunicación y forma de vida. Sin embargo, todo se puede y si en los primeros meses la pareja logra afianzar la relación, los enamorados podrán pasar el resto de sus días juntos y felices. A continuación les dejamos cuatro consejos judíos que les ayudaran a mejorar sus relaciones amorosas. Esperamos les guste.

1) Aprende a amar la diferencia

Muchas veces tendemos a confundir una relación recíproca con una relación donde las dos partes actúan de la misma forma. No existe una sola relación en el mundo, matrimonial, filial o de amistad en donde el cariño se exprese de la misma forma en ambas partes. A veces, cuando damos algo especial a una persona o hacemos un acto de amor específico, esperamos que la persona haga lo mismo por nosotros después.

La realidad es que muy probablemente la persona no lo va a hacer, no porque no nos quiera con la misma magnitud, no porque no haya apreciado lo que nosotros hicimos, sino porque tiene una forma de amar distinta. El amor que nosotros le dimos nos lo va a regresar de forma distinta.

Tenemos que aprender a ver cómo es que nuestra pareja expresa cariño, y aprender a no llevar una cuenta sobre lo que vamos haciendo por él o ella. Saber que el amor que damos es distinto y no por eso superior al suyo.

Muchos libros de musar (enseñanzas judías) nos enseñan que amamos de forma más profunda cuando amamos las características de nuestro cónyuge que son diferentes a nosotros. Si aceptamos los cambios vamos a poder amarlo siempre.

2) Aprender a pedir perdón

Un aforismo muy popular en Estados Unidos, que incluso se hizo famoso un tiempo en México cuando salió una película con este nombre es: “Amar es nunca tener que decir perdón”. La frase no podría estar más equivocada. Proyecta la noción errónea de que pedir perdón es indigno y que por eso mismo no tenemos que hacerlo cuando lastimamos a alguien cercano.

Es contrario a lo que plantea la filosofía judaica, para el judaísmo pedir perdón es una de las cosas más importantes que podemos hacer, es un símbolo de fortaleza en vez de debilidad. Es muestra de que aprendimos de nuestros errores y podemos regresar a quién realmente somos en esencia. Pedir perdón a nuestros seres queridos es signo de que los respetamos y los queremos.

3) Lo exterior también importa

Hace unos años, me prepare para dar una conferencia. Me peine, me maquille y puse la mejor ropa. Cuando iba a salir me cruce con mi esposo, me dijo que me veía muy bien. Vi una cara de felicidad específica, que conozco y tenía tiempo que no se la veía. Entonces me di cuenta que llevaba varios meses sin arreglarme para verlo o cuando salíamos.

Estamos acostumbrados a escuchar que “no importa cómo somos por fuera, lo único importante es cómo somos por dentro”, que el arreglo personal no es frívolo. Es un gran error, la apariencia en efecto sí importa. Es más, la Torá nos pide que cuidemos nuestra imagen. Mantener un buen aspecto cuando vemos a nuestra pareja es una forma de mostrarle aprecio y cariño.

4) Cuida tus palabras.

Hay un dicho judío sobre la importancia de cuidar nuestras palabras: Un pájaro que liberamos podemos volverlo a cazar, pero una palabra que se escapa de nuestros labios se fue para siempre.

Debemos tener buena comunicación con nuestra pareja, pero eso no quiere decir que dejemos de cuidar las palabras que usamos. Entre más cercanos somos a una persona más posibilidad tenemos de lastimarla con lo que decimos, por eso es preciso pensar bien lo que vamos a decir antes de hablar.

Otro consejo que también nos dan las enseñanzas es que a veces las acciones son más importantes que las palabras. Rabí Shammai dice en el Pirké abot (enseñanzas de nuestros padres): “Di poco y haz mucho”.

Aranza Gleason

Aranza Gleason se define a sí misma como una judía en el exilio. Nació con una raíz divida como su poeta favorita; busca y ama al judaísmo, pero como a los personajes que lee, éste, también se le escapa de las manos como el agua. seguir leyendo

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