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Títeres buscan a Dios en thriller policiaco y algo más.

BECKY RUBINSTEIN F.

El gran jefe, parodia de humor negro nacida de la inspiración de Woody Allen, da pie a una obra policíaca intitulada El que mueve los hilos, a cargo de Teatro AcercARTE y Pippuppets, escrita y dirigida por Rafael Curci (Uruguay 1963).

En escena sale un Woody Allen de utilería que remeda al cien por ciento, al de carne y hueso, quien emprende la búsqueda del Altísimo visitando filósofos, religiosos e incluso actores. Y todo en medio de una iconografía hollywoodense.

Con muñecos de hule espuma diseñados por los propios productores, la obra recrea el ambiente “detectivesco” de los años cuarenta cuando un investigador Woody Budweiser, a solicitud de la señorita Heineken sale en búsqueda de Dios. En el camino se topa con personajes del séptimo arte como el Padrino y Rambo.

Los títeres, a partir de la comicidad “intelectual” propia del singular Woody Allen se mueven en las calles “oscuras” de Los Ángeles o Nueva York, invita a una reflexión “humorística e irónica” sobre la existencia de Dios, una pregunta reiterada y clave del actor-director judío.

Dicha obra dirigida al público adulto para nada esconde a los a titiriteros, quienes maniobran a los títeres. Incluso interactúan con los personajes afirma Moisés Cabrera el productor del thriller que recupera a Woody, autor de frases –entre hilarantes y filosóficas- que nos orillan a reflexionar sobre Dios, el destino y el hombre. Citaremos algunos:

”Quizá Dios ha querido que tu conocieras diferentes personas en el curso de tu vida para que cuando conozcas las apropiadas, puedas apreciarlas y estar agradecido”. Cuanto más lo planees, más duro será el destino”; “la vida es una hoja en blanco, en la que dibujamos, sin un borrador; Arreglar los problemas económicos es fácil, lo único que se necesita es dinero”. “El eco dice la última palabra.”

Allen, uno de los productores más prolíferos y ocurrentes quien, desde pequeño –como odiaba el calor del verano- se refugiaba en las salas de cine. Desde entonces, como odiaba estar con sus padres, siempre discutiendo, comenzó a amar el cine. Sus otros “amores” son el jazz, la literatura rusa, Groucho Marx, Nueva York, el psicoanálisis, el cine de Bergman, los años 20, caminar por las calles, los trucos de magia y su clarinete. Por cierto, quien empezó a trabajar a los quince años escribiendo chistes para algunas publicaciones, forma parte de la banda New Orleáns Jazz Band donde toca el clarinete.

Sus películas, de acuerdo a Guadalupe Loaeza, están bien contadas, sus diálogos son divertidísimos, en todas se aprende algo de la vida y todos son una especie de conversación inteligente de un genio. En cada una de ellas hay frases inolvidables, a las cuales es afecto esté espléndido director.

A sus 76 años, y con una filmografía inolvidable, como Annie Hall, Hanna y sus hermanas, Así pasa cuando sucede, Vicky Christina Barcelona, Medianoche en París, entre muchas otras, donde plasma al hombre tal cual: con sus virtudes y defectos . Y como siempre: oscilando entre el humor y a filosofía. No por casualidad se le emula, se le parodia. Se le valora…

Actualmente, tras el éxito de Medianoche en París, donde desfilan los personajes más célebres de los años veinte –como Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel, F. Scout Fitzgerald-filma Italia Bob Decameron, al lado de Penélope Cruz, Roberto Benigni, Alec Baldwin, Ellen Page y Jesse Eisenberg.

Allan Stewart Konigsber, nacido el 1 de diciembre de 1935, en Nueva York, siempre es noticia y modelo a seguir.

FUENTES:

Función, Nuevo Excélsior, sábado 6 de agosto de 2011.
Lucero Solórzano, 30 30, Woody Allen para rato, viernes 5 de agosto de 2011.
Guadalupe Loaeza, El Ángel, Suplemento de Reforma, domingo 15 de mayo de 2011.
Sonia Ávila, Nuevo Excélsior, agosto de 2011.

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