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Una mirada a los ciudadanos judío-árabes de México y sus identidades duales

Enlace Judío México – La secretaria de la Federación Mexicana de Jovenes Judíos (FEMEJJ), Adela Smeke, brindó en un artículo a la cadena internacional saudí Al-Arabiya un panorama de la comunidad judía de México, y en especial, de las subcomunidades con raíces en los países árabes.

ADELA SMEKE MIZRAHI

Las comunidades judías en toda la Diáspora son a menudo increíblemente diversas una de la otra, hablan diferentes idiomas, comen diferentes alimentos y practican diferentes tradiciones. Sin embargo, hay algunas características unificadoras compartidas por todos. En la mayoría de los países donde viven judíos, uno encontrará ciertos elementos básicos necesarios para la vida judía organizada, con al menos una sinagoga, un cementerio, una mikvé o baño ritual y un carnicero kosher, y en muchos casos un centro comunitario, un centro deportivo y una escuela primaria judía. Juntos, estos sirven como bloques de construcción para una comunidad judía o ‘Kehilá’.

En la mayoría de los casos, también se encontrará un sentido de orgullo doble entre los miembros de la comunidad, de ser tanto judíos como ciudadanos de sus respectivos países. En México, donde vivo, la población judía es de aproximadamente 44,000, la cual está organizada en 10 diferentes Kehilot (plural de Kehila). Seis de esas Kehilot se encuentran en la Ciudad de México y cuatro en diferentes lugares de México.

Una de las cosas más singulares de los judíos en la Ciudad de México es que nos organizamos de acuerdo con las subcomunidades, basadas en la práctica religiosa y los lugares de donde nuestros abuelos inmigraron hace más de 100 años, principalmente Europa o el mundo árabe.

Lo judíos sirios en México

Los judíos que llegaron de países árabes, como Siria y Líbano, crearon dos Kehilot: Monte Sinaí, que representa a los judíos de Líbano y Damasco (como mi familia), y Magen David, que representa a los judíos de Alepo. Ambas son comunidades ortodoxas. Los judíos que inmigraron desde el este y el centro de Europa antes y después de la Segunda Guerra Mundial están afiliados a la Kehilá Ashkenazi y los judíos que inmigraron de los Balcanes y Grecia están juntos en Kehilá Sefaradí, ambas comunidades ortodoxas. Finalmente, hay dos Kehilot más afiliados al movimiento judío conservador, conocidos como ‘Beth El’ y ‘Beth Israel’.

Mis abuelos vinieron a México desde Beirut y Damasco, y aunque no he visitado ninguna de esas ciudades, fui criada con cierta afiliación y orgullo por la tierra de mis antepasados.

A lo largo de mi vida, escuché a las personas mayores hablar con nostalgia acerca de sus días en su antiguo país. Hablaban de sus escuelas donde aprendieron árabe, francés y hebreo; sobre la hermosa ciudad y el clima cálido; y sobre la deliciosa comida que perdieron. Mi abuelo siempre solía decir: “No hay lugar en el mundo con mejores frutas que Líbano”.

Cuando mis abuelos llegaron a México, ayudaron a financiar las Kehilot para que tuviéramos los servicios básicos necesarios para una vida judía.

En mi comunidad, tenemos nuestra propia escuela, donde seguimos el plan de estudios estatal de México y también aprendemos inglés, hebreo y la historia judía. Mis padres fueron a esta escuela, seguidos por mis hermanos y por mí misma, y ahora mi hijo es un alumno de la misma escuela. Esta es una verdadera tradición, en el espíritu de nuestra herencia árabe.

Orgullosa de las tradiciones árabes

Como una judía mexicana con influencia árabe, tenemos tradiciones para todo. Los judíos que llegaron de Europa o Grecia también tienen tradiciones, por supuesto, pero no en la misma medida e intensidad que los judíos libaneses y sirios. Para nosotros, la tradición es parte de nuestra forma de pensar.

Mi tradición favorita de las Kehilot judías-mexicanas-árabes es que le damos a nuestros bebés el mismo nombre que el de nuestros padres. Esto difiere del estilo ashkenazi, que considera mala suerte llamar a un niño en honor a un pariente vivo. En mi ‘Kehilá’, el primogénito recibe el nombre de los padres de su padre, y el segundo bebé lleva el nombre de los padres de su madre. Entonces los nombres de los niños son los mismos que los de sus abuelos. Mi nombre es Adela, al igual que mi abuela (la madre de mi madre, lo que significa que tengo una hermana mayor que tiene el mismo nombre que la madre de mi padre). Mi esposo, Charles, lleva el nombre de su abuelo y nuestro hijo, Jack, lleva el nombre del padre de mi esposo, Jacques.

Un legado que se desdibuja

A pesar del orgullo que tenemos de nuestra herencia árabe, la mayoría de la gente de mi generación nunca aprendió el idioma árabe, ya que el alfabeto y la pronunciación son muy diferentes al español, lo que lo vuelve bastante difícil de aprender. Sin embargo, hay algunas palabras o frases básicas con las que todos los judíos mexicanos de origen árabe están familiarizados, como: Sefra Dayme, Sajten, Ahla Usahla, Alamakon, Sebi Andak, Yalla. Al terminar una comida en un gran evento, los invitados saludan a la anfitriona con las palabras Sefra Dayme, que ella responde con la expresión, Sajten. Por supuesto, estos saludos suenan mejor en árabe que en español.

Hablando de la cocina, hay muchos excelentes platillos árabes que son parte de nuestra dieta diaria. Los platos principales incluyen Kipe, Tabuleh, Let-Cusa, Lebne, Hummus, Manaish y muchos otros. En nuestra comunidad, mezclamos platos árabes con complementos mexicanos, ¡y sabe fantástico! En una mesa judía mexicana típica, no se puede comer Kipe sin aguacate y salsa picante; no puedes comer Let-Cusa sin una tortilla caliente y aguacate. Algunos incluso preparan el Lebne al estilo mexicano, con tomate y cebolla.

Por último, tenemos una fuerte identidad mexicana-judía. Somos únicos en todo el mundo entre las comunidades judías, en la forma en que organizamos nuestras Kehilot basadas en el país de origen de nuestros antepasados. Pero incluso eso puede estar cambiando. Hace cien años, existían muchas diferencias culturales fundamentales entre los inmigrantes judíos de Europa y Siria, pero nuestra generación parece más unificada. Sin lugar a dudas, este es uno de los desafíos que mi generación tendrá que enfrentar cuando llegue el momento de dirigir a la comunidad y mantener nuestras tradiciones. Hasta entonces, les digo adiós amigos míos y Alamakon.

Fuente: Al Arabiya / Reproducción autorizada con la mención siguiente: ©EnlaceJudíoMéxico

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