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Enlace Judío México.- Esta es la historia de dos hombres, Muhammad y David Tubi, que por haber nacido en la ciudad de Haifa, hijos del mismo padre y de la misma madre, lógicamente eran hermanos.

SHULAMIT BEIGEL EN EXCLUSIVA PARA ENLACE JUDÍO MÉXICO

Los hermanos Tubi, que viajaban con mucha frecuencia debido a su profesión de comerciantes, constantemente se veían obligados a responder en los distintos aeropuertos a una serie de preguntas tales como:

Así que son originarios de Haifa, Israel, preguntaba irónicamente el inspector de migración en algún aeropuerto sobre todo norteamericano, al revisar sus pasaportes. Árabes?- agregaba, con un tono de discriminación.

-Sí y no, señor- contestaban Muhammad y David muchas veces al mismo tiempo y con un tono de voz muy parecido. Somos de Haifa, Israel. Y también somos árabes israelíes.

El inspector, que se las daba de muy vivo (como se las dan la mayoría de los burócratas de cualquier país del mundo que se creen los más listos de la Tierra solamente por estar del otro lado del mostrador), llegaba a una “brillante” conclusión:

Ah, es decir, que ustedes dos son hermanos

-Sí señor, -le respondían ya nerviosos y casi al unísono Muhammad y David Tubi, que sabían decir “Si” en varios idiomas, sobre todo en árabe, arameo, persa, ruso, hebreo e inglés.

-Y perdonen la curiosidad, pero ¿por qué viven separados siendo hermanos, ya que veo que uno vive en Gaza y el otro en Tel Aviv…?

Se hizo un silencio de un largo minuto eterno.

-Bueno, -responde Muhammad, -porque yo nací el 15 de mayo de 1948, un día después de la independencia de Israel que fue el 14 de mayo, y David nació justo ese día, el 14 de mayo.

El inspector no entiende nada, y simplemente dice – hmmmmm (que es la palabra que todos usamos cuando no sabemos qué decir), pero pensando en sus adentros que había algo de extraño y raro en el caso de estos dos hermanos gemelos. Ante todo, ya eran dos sospechosos.

Hartos de tantas suspicacias y prejuicios, Muhammad y David, cuya respuesta era siempre incomprensible para la mayoría de los mortales, decidieron unirse, juntarse, y comenzar a vivir juntos en un mismo lugar. Mejor dicho, en un mismo país.

En realidad no lo decidieron ellos, sino que fueron los políticos los que decidieron por ellos. No se trataba de una unión matrimonial, sino de una especie de unión para quedar convertidos por fin en auténticos hermanos.
Desde entonces, los hermanos Muhammad Tubi y David Tubi viajan por todo el mundo sin que nadie les pregunte nada.

-Conque hermanos…ja jajá…- sonríen los inspectores de migración.

Los hermanos Tubi, al recibir su pasaporte sellado, le hacen una ligera reverencia al hombre de migración, cada uno en sentido opuesto: Muhammad lo hace en dirección a la Meca, y David hacia Jerusalén.

Esta unión ha originado sin embargo, que ambos hermanos se hayan enriquecido, pues sus negocios han florecido y les han originado millones de dólares por la venta e intercambio de diversos artículos, sin provocar las desconfianzas que antes causaban cuando no estaban íntimamente unidos.

Y los hijos serán primos hermanos.

Para quienes se confunden con el tema ahí les va una somera explicación.

Primero, es importante entender que no todos los árabes son musulmanes, y que no todos los musulmanes son árabes. Pero sí es de suponer que todos los nacidos del mismo vientre son hermanos ¿Complicado, verdad?

Es decir, que hay un número de musulmanes no árabes, en lugares como Irán, Turquía, Indonesia y Malasia por dar solo algunos ejemplos.

Ahora bien, hay una frase estereotipada que asegura que judíos y árabes se odian y que existe una explicación bíblica explícita para este odio.

Proviene de la biblia, desde Abraham. Como se sabe (los que han leído la Biblia), los judíos son descendientes de Isaac, el hijo de Abraham, y los árabes son descendientes de Ismael, también hijo de Abraham. Como nos recuerda la historia de los modernos hermanos Tubi.

Ahora bien, a diferencia de Muhammad Tubi, Ismael fue hijo de una esclava egipcia, Agar, tal y como lo relata el Génesis 16:1-6. Obviamente, y como en cualquier telenovela de nuestros días, existía hostilidad entre los dos hijos.

Sara, la esposa de Abraham, por eso de los celos etc., le pide a su esposo que eche a Agar y a su hijo Ismael.

Podemos imaginar que esto causó un fuerte desprecio en el corazón de Ismael por Isaac. Aunque, no le fue tan mal, pues un ángel le profetizó a Agar que Ismael sería: “…hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él.”

Como ven, esto podría suceder en las mejores familias. En el Corán, al igual que en la Biblia hebrea, en algunos puntos se instruye a los musulmanes a tratar a los judíos como hermanos, y en otros se ordena a los musulmanes a atacar a los judíos que no quieran convertirse al Islam. Además, está el conflicto en cuanto a quién es el verdadero hijo de Abraham. ¡Cómo si alguien pudiera ya aclararlo a estas alturas del partido! Las escrituras hebreas dicen que fue Isaac. El Corán dice que fue Ismael. Este debate continúa hasta hoy en día como un buen diálogo de sordos.

Pero claro, esto no explica toda la actual hostilidad entre judíos y árabes. De hecho, por miles de años en la historia del Medio Oriente, los judíos y los árabes vivieron en relativa paz y hasta indiferencia de unos hacia otros. La causa principal de la hostilidad tiene un origen más reciente y es de carácter nacionalista.

Después de la II Guerra Mundial, cuando las Naciones Unidas les dieron una porción de la tierra de Israel a los judíos, la mayoría de los árabes protestaron en contra de que la nación de Israel ocupara esa tierra. Las naciones árabes se unieron y atacaron a Israel en un intento por sacarlos de esa tierra, pero fueron derrotados por Israel.

Desde entonces, ha habido una gran hostilidad entre Israel y sus vecinos árabes, ya que viven los dos juntos reclamando la misma tierra. Como si fueran dos hermanos destinados a la misma tragedia y con un fin común.

Ahora bien, o se ponen de acuerdo alguna vez o les devorarán los de afuera. Tal como lo definiría el Martín Fierro de los argentinos. Tan alejados de estos entuertos y tan cercanos a la filosofía de la vida desde sus personajes más entrañables.

 

 

 

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Llegué de Israel a México a la edad de siete años. La primaria y la secundaria las hice en el Colegio Hebreo “Tarbut”. Mis recuerdos de aquella época son excelentes. Mi primer trabajo como periodista, lo hice recortando periódicos en la Embajada de Israel, en el departamento de prensa, a cargo en aquel entonces, de Sergio Nudelstejer. La prepa, fue en la Escuela de la Ciudad de México, en Campos Elíseos, que me permitió conocer otra gente y otros aspectos de la vida mexicana. Estudié y me gradué en antropología y en letras, en la universidad de las Américas, en Cholula. La maestría, en Antropología, fue en la UNAM. Antes de incursionar a la universidad viví en Teloloapan, Guerrero, haciendo trabajo de comunidad y siendo jefa de organización campesina para varias instituciones gubernamentales. Viví varios años en Israel. En esa época, los ochentas, fui productora de Ariel Roffe y Erika Vexler para Televisa desde Medio Oriente. Tuve una columna que se llamaba “Burbujas” en el periódico israelí en español Aurora, otra, “Al Margen” en la revista Semana, que ya no existe. Viví cuatro años en Caracas, cuando mi ex esposo fue sheliaj del KKL. Actualmente vivo entre Londres y Venezuela, he dejado de creer en la política y mi pasión es la literatura, el cine y la música. Confieso que ya no tengo grandes respuestas ante la vida, pero que soy muy feliz.

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