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Ser anti o pro religioso: la variable que define hoy las elecciones en Israel

Enlace Judío México e Israel- Hasta las últimas elecciones, los partidos políticos en Israel se podían describir según si estaban alineados más a la izquierda o a la derecha del espectro político israelí. Se hace imperativo aclarar que si bien en un inicio del moderno estado de Israel, izquierda y derecha discutían por el modelo económico y social para gobernar el país, con los años el modelo socialista de los kibutzim fue reemplazado por una economía cada día más neoliberal, lo que dio otro significado a los términos “izquierda” y “derecha”.

IOSEF NEIRA

En la actualidad hacen relación a su posición respecto del conflicto con los árabes, como por ejemplo, el apoyo de la izquierda o rechazo de la derecha, al proyecto desarrollado en los Acuerdos de Oslo en los 90′, que proponía dar origen a dos estados, uno judío en las fronteras reconocidas internacionalmente de Israel, y otro árabe en los territorios de Judea y Samaria, Gaza y la mitad oriental de Jerusalén como capital. Hasta la década pasada, muchos israelíes pensaban que era posible llegar a la paz entregando esos territorios a la ex OLP hoy llamada “Autoridad Palestina”.

Sin embargo cuando en el 2005 Israel se retiró unilateralmente de la Franja de Gaza (360 kilómetros cuadrados de territorio en el extremo sur) y en el 2006 este fue tomado por la fuerza por Hamás, comenzando una serie de ataques con cohetes y misiles sobre las ciudades del sur de Israel, que dieron origen a tres grandes operativos militares, el último el 2014, muchos israelíes comenzaron a cuestionarse si al entregar Judea y Samaria (5.860 kilómetros cuadrados de territorio en el corazón de Israel) no ocurriría exactamente lo mismo que lo ocurrido en Gaza.

Esto provocó una debacle en los partidos de izquierda y un vuelco del voto popular hacia los partidos de derecha, liderados en coalición de gobierno por el Likud, el partido liderado hasta hoy por Netanyahu. Lo anterior quedó de manifiesto, cuando en el debate electoral de las elecciones pasadas, el tema del conflicto con los árabes quedó absolutamente relegado ante otros, como el cuestionamiento a la probidad del primer ministro y sus causas pendientes frente a la justicia, en las cuales aún no se determina su inocencia o culpabilidad, o su actuar frente al ataque constante a las comunidades israelíes y ciudades del sur desde Gaza.

LA NUEVA VARIABLE

Pero lo más relevante en mi opinión, es el que Avigdor Liberman, líder del partido Israel Beitenu se negó a integrarse a la coalición de Netanyahu, por lo que éste al no tener más de 60 diputados para gobernar, debió llamar a nuevas elecciones. El motivo de desacuerdo, fue la ley de reclutamiento de los haredim o más conocidos como ultraortodoxos.

Eso marcó el gran cambio de posiciones entre los partidos políticos israelíes. Ya no es sólo relevante la posición a favor o en contra en el conflicto con los árabes, sino que entró en juego una nueva variable que es el ser anti o pro religioso.

Likud y Kajol-Laban pueden ser similares como partidos de centro derecha, pero difieren en que Netanyahu siempre ha visto a los partidos ortodoxos como aliados para gobernar, y Lapid uno de los líderes de Kajol-Laban, apuesta por un Israel absolutamente laico, sin injerencia de los ortodoxos. Beitenu de Avigdor Liberman también ya anunció que apoyaría sólo un gobierno de unidad sin los ortodoxos.

Este nuevo escenario ha hecho que muchos en el mundo religioso, principalmente en Judea y Samaria, que hasta ahora votaban al Likud hayan decidido votar por partidos como Iemina liderado por Shaked por ejemplo, como una forma de no quitar el voto a la coalición de derecha, pero potenciar la proporción de diputados religiosos frente a los del Likud en un futuro gobierno, para defender posiciones frente a leyes relativas al Shabat, la comunidad homosexual o ley de reclutamiento entre otras.

Un tema anexo son los rumores de que Israel anexionaría ya definitivamente la Zona C de Judea y Samaria, lo que en opinión de los residentes, más allá del reconocimiento político de la zona, no cambiaría para nada la situación de seguridad, legal o económica de los casi 500.000 judíos que hoy habitan dicha zona.

1 Comment

  1. Muy claro e imparcial análisis. Más de estos hacen falta.

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