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Enlace Judío México e Israel – Hay personas que son más corporales que otras; hay gente que para estar bien emocionalmente tiene que hacer ejercicio en su día. Hay personas que necesitan el contacto físico (un abrazo, un estrechón de manos, un saludo) para realmente sentir que las personas de enfrente sí lo quieren o lo consideran o que realmente si no realizan un movimiento corporal les cuesta más trabajo aprender o comportarse. Mi caso es parecido a éste último. Desde niña siempre sentí fascinación por el movimiento y el ejercicio, necesitaba moverme, tocar o aventar las cosas para involucrarme con ellas. Me cansaba mucho ir a restaurantes y hasta la fecha para mí, viaje no es viaje si uno no se baja del carro y camina a pie toda la ciudad.

Con el tiempo eso hizo que me acercara a todas las teorías del cuerpo que se enseñaban en mi universidad y en una ocasión al templo al que asistía se acercó una mujer a dar una clase sobre vestimenta judía. Habló del “tzniut” y de por qué las mujeres judías usan manga y falda larga; mencionó la idea de que a veces cubrir lo exterior te ayuda a encontrar lo interno; que uno cubre su cuerpo para encontrar su personalidad. Lo quise intentar un par de meses y empecé a vestirme como religiosa, y lo que descubrí me gustó tanto que continué por varios años haciéndolo.

En unos cuantos meses de no haber usado más que manga larga me di cuenta que en más de 60 días nadie más que yo había visto mis antebrazos, sentí una gran alegría, jamás creí que una parte del cuerpo tan poco singular pudiera tener importancia. Y entendí aquello que decían de que cuando algo es cubierto, algo más sale a la luz. Me di cuenta que mi cuerpo es sólo mío y pude apreciarlo desde el disfrute interno, más que desde el mostrarlo, fue como si me regresaran a él nuevamente. Después de esa experiencia cada mañana al vestirme y dar las bendiciones matutinas me era muy fácil sentir cada fibra de mi cuerpo impregnada de mi persona, me sentía a mí cerca y de una forma rara a D-os también.

Al poco tiempo empecé a usar falda y ésta tuvo un impacto similar en mi vida me recordaba constantemente la Presencia de D-os y la transformación interna que estaba viviendo al acercarme a una doctrina religiosa y a una tradición, entonces nueva para mí. Fueron de los meses más felices de mí vida, pero era un estado insostenible con el tiempo; la inspiración cuando es genuina dura poco tiempo y en un camino espiritual uno necesita de herramientas más estables para encontrar significados más profundos. A los pocos años yo seguía usando falda pero lo hacía por costumbre, por presión social y sin ganas. Eso me empujo a acercarme a la halajá y a encontrar las razones reales de por qué la vestimenta es como es en el judaísmo ortodoxo. Pude hacer mi forma de vestir personalmente a raíz de ello nuevamente.

La vestimenta judía ¿Por qué es así?

Como se explica en este artículo (El tzniut: ¿Cómo nos paramos frente a D-os?) el concepto judío de tzniut abarca varias aspectos de la vida judía. Primordialmente se refiere al respeto con el cual uno debe actuar al presentarse frente a D-os o las personas, abarca desde los pensamientos, lo que se dice, la postura hasta las expresiones faciales. Sin embargo, la ropa también es parte de lo que el tzniut retoma. Sin embargo, no necesariamente es central en ella existen otras mitzvot (mandatos) de la Torá y el Talmud que se refieren más directamente a la ropa que el tzniut mismo, entre ellos se encuentra el mandato de “Daat Yehudit” (seguir las formas judías) y “Daat Moshé” (seguir las formas de la Torá).

Daat en hebreo es un tipo particular de conocimiento, es entender la esencia de las cosas y poder llevarlo a la vida, se parece más a la idea que tenemos de sabiduría que a un conocimiento meramente racional. “Daat Yehudit” es un mandato que nos pide seguir las formas y costumbres que a lo largo de los años la comunidad judía a adquirido se podría traducir como “el entendimiento judío.” “Yehudit” a diferencia de lo que a veces se piensa, no se refiere a las mujeres judías (se usaría el termino yehudiot) sino a los judíos propiamente, la Mishná y la Guemará al referirse a la vestimenta usan tanto el término “yehudim” como “yehudit.”

“Daat Moshé” por su lado se refiere al entendimiento de la Torá. Ambas son conocimientos que no se aprenden directamente de los textos, sino que se infieren y que los legalistas tanto del Talmud como de los siglos pasados han mencionado. Las leyes de vestimenta se rigen primordialmente por estos dos principios.

¿Cubrirse la cabeza una mitzvá de la Torá?

Uno de los mandatos más controvertidos es el de cubrirse el pelo, su origen se encuentra en la Torá, pero se inscribe en a la halajá a través del principio de “Daat Moshe.” El pasaje en el que algunos poskim (legalistas) se basan para hablar de ello suele ser el de la “Sotá.” En la Torá a la mujer cohén (de la casta sacerdotal) que comete adulterio se le humilla en el templo descubriendo su cabeza, según la Mishná también se le despoja de su vestimenta. Ello nos indica que en la Torá, cubrirse la cabeza es uno de los requerimientos considerados básicos para la dignidad de la mujer casada.

Dicha mitzvá no empezó a remarcarse hasta tiempos recientes ya que en el mundo secular durante siglos fue una tradición común para la mujer casada cubrir su cabeza. Por eso varios textos dan por hecho dicha costumbre como un parámetro de dignidad asumido como básico popularmente. En el mundo moderno que dicha costumbre se ha perdido, se ha abierto nuevamente la discusión; hay poskim (legalistas) que la consideran una mitzvá de la Torá, y se basan en la explicación dada y poskim que no leen el pasaje de esta forma y ponen a discusión si la mitzvá tiene un origen tradicional o sí es de la Torá.

Cubrir el cuerpo

En cuanto a cubrir el cuerpo, la Torá nos exige un mínimo de dignidad al presentarnos en público. Uno no puede carecer de vestimenta en el espacio público, ni vestirse con andrajos, ni con prendas tan reducidas que sean consideradas indignas. Sin embargo, más allá de las partes íntimas, la medida mínima que la Torá exige no es clara. Y aquí es cuando entra el concepto de “Daat Yehudit” uno tiene la obligación de vestirse conforme lo ha hecho el pueblo de Israel a lo largo de su historia y tradicionalmente hay ciertas partes del cuerpo que siempre han sido consideradas como indigno descubrirlas.

Bajo este concepto la Guemará en el tratado de Ketubá menciona tres regiones básicas que deben cubrirse: el torso o el pecho (guf), partes de los brazos (zeroa) y partes de las piernas (shok). Fuera de las partes íntimas existe discusión de la medida hasta dónde la Torá prohíbe realmente que ciertas partes sean descubiertas. Por ejemplo hay quien considera que el término “guf” se refiere hasta el inicio del cuello y por eso cubren los huesos de la clavícula, sin embargo hay quien argumenta que “guf” se refiere al pecho y no al torso y por eso permiten el escote hasta algunas pulgadas por abajo del cuello.

Al final depende mucho de la comunidad a la que uno pertenezca. Por ejemplo la halajá de los “daatí leumí” (una corriente ortodoxa muy presente en Israel) en cuanto a la vestimenta varía significativamente de la halajá de los jaredíes. Los primeros aceptan como propio cubrir los brazos hasta varias pulgadas arriba de los codos, mientras que los segundos consideran prohibido el codo e incluso varios grupos consideran que uno debería cubrirse todo el brazo hasta la muñeca. Uno tiene la obligación de vestir conforme a la comunidad y al país al que pertenece. Hay regiones incluso donde la pantorrilla se considera parte del shok (pierna) y por eso la mujer usa medias incluso abajo de la falda para no descubrir ni sus tobillos, ni la parte baja de la pierna con los movimientos cotidianos.

Bajo estos mismo principios uno no puede presentarse a un lugar rompiendo los lineamientos que esa comunidad considera “digno.” Es decir si uno es daatí leumí y va por primera vez a un templo jaredí tiene que cubrirse hasta los huesos de la clavícula si sabe que esa es la costumbre establecida, para no caer en un comportamiento considerado indigno.

Además existe un mandato que nos obliga respetar las costumbres de nuestros antepasados y del lugar al que pertenecemos. Cada comunidad ha escogido formas específicas de vestirse que tienen un significado. Por ejemplo, hay ciertos grupos de mujeres jasídicas que sólo cubren su cabeza con un tipo de sombrero especial de esa comunidad; o hay comunidades que sólo usan ciertos colores porque consideran que otros son sumamente llamativos. Se exige que las prendas tengan al menos cuatro pulgadas de holgura para no considerar que delimita la figura y reglas por el estilo. Uno tiene la obligación de respetar aquellos lineamientos.

La falda

En cuanto a la falda entra dentro del mandato de Daat Yehudit, tradicionalmente se ha asumido a la falda como una prenda más recatada que los pantalones, pues éstos especialmente los que son diseñados para mujeres destacan la figura y la forma de las piernas, muslos y caderas. La falda encubre esa figura y asume como femenina y como se ha usado por las comunidades ortodoxas tradicionalmente de esa forma, bajo el principio de “Daat Yehudit” se vuelve halajá.

Reproducción autorizada con la mención siguiente: ©EnlaceJudío

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Aranza Gleason se define a sí misma como una judía en el exilio. Nació con una raíz divida como su poeta favorita; busca y ama al judaísmo, pero como a los personajes que lee, éste, también se le escapa de las manos como el agua. Para hablar de Torá y mitzvot se basa en textos de rabinos ortodoxos, experiencias personales y clases a las que asistió. En cambio, para hablar de historia y cultura judaica trata de observar todo lo que hay; desde lo más hereje hasta lo más sagrado. Sabe que judaísmo encuentra en todos los rincones de la Tierra y se vive con todos los colores de la luz. Cuando escribe busca compartir y busca encontrarse. Espera profundamente que sus textos sirvan para que una persona descubra algo que le era desconocido y lo disfrute.

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