Enlace Judío México e Israel – Anna Bikont reportera del periódico más importante de Polonia, Gazeta Wyborcza, teje como filigrana la historia de la masacre sucedida en Jedwabne el 10 de julio de 1941, en donde 1600 judíos agonizaron en una pira.

En su libro Crime And The Silence, investiga y documenta de cara a las mentiras, negaciones e indiferencia masiva lo sucedido antes, durante y después.

Rasca y remueve en los archivos documentos y complementa con entrevistas, construyendo numerosos escenarios de testigos y perpetradores de la violencia de los vecinos. Escrito con honestidad y profunda sensibilidad, entrevista en Polonia a personajes clave, además de viajar a Israel, Estados Unidos, Argentina y Costa Rica, a los pocos sobrevivientes de la masacre que pudieron rehacer su vida.

En nota anterior nos referimos a la autobiografía de Samuel Waserstein -La Denuncia- que fue responsable de haber sacado a la luz esta desgarradora desgracia, además del Yedwabne: History And Memorial Book coordinado por el Rabino Baker y Jan Gross, investigador polaco con su libro Neighbors.

En cada una de estas referencias bibliográficas, los autores dedican capítulos especiales y menciones de actividades al único sobreviviente que decidió permanecer en Jedwabne a pesar de que toda su familia pereció trágicamente, Israel Grondowsky, quien perdió a su esposa Feiche Remba, y a sus hijos Abraham Aaron, Reuven y Emanuel.

Muchos fueron los calificativos negativos recibidos por haberse quedado a vivir en Polonia y una crítica implacable por diversas acciones, siendo la más importante cuando, ante los acontecimientos, corrió a la Iglesia para que convirtieran al catolicismo a su familia, a pesar de lo cual, no logró salvarlos porque la Iglesia no hizo nada por detener esta crueldad.

Fue un paria, un híbrido, no fue considerado por los judíos ni por los católicos, a pesar que hay testimonios de su nuera que conservó y cumplió sus tradiciones y costumbres al interior de su casa.

Los perpetradores lo acechaban y extorsionaban, querían su dinero y joyas. Apedreaban su casa. En los juicios apeló y calló, se retractó y tembló.

Nadie ha entendido porque permaneció en ese infierno, ¿cómo debemos considerarlo?: ¿víctima o victimario? ¿masoquista o sádico? ¿valiente o débil? ¿sacrificado o resignado?

Creo que en todos estos apelativos podrían aplicar para caracterizarlo, pero se debilitan si entendemos que permaneció ahí, en Jedwabne, como un acto de resistencia, como una respuesta muy personal al trauma, para recordarle a los perpetradores y vecinos que observaron y se paralizaron ante la barbarie que había un incuestionable testigo.

¿Por qué no se anotó al Joint Committee para que buscarán a su familia y poder emigrar a Inglaterra donde vivía desde antes de la Primera Guerra Mundial su hermano mayor Meishy, a Estados Unidos con su hermana Mindl, a México con su hermana Rojl, a Argentina con su hermana Raijl que habían llegado a América en los años veintes?

Era carpintero, oficio heredado de su padre el zeide Arie Leib Grondowsky, en la casa se conservan muebles de la mejor ebanistería. Su dolor lo transformo en oficio, hacia féretros.

Jersy Grondowsky.

Se casó con Alexandra, mujer católica que lo salvo y cuido el resto de sus días. Fue enterrado como católico.

El panteón judío ésta cerrado, escondido entre la maleza, enfrente al Monumento erigido en el granero adonde las cenizas de 1600 almas flotan.

Itamar Shor de visita en Jedwabne 2019.

¡Elevamos una plegaria por su eterno descanso!


 

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