“No usarás el Nombre de HaShem tu Dios en vano, porque HaShem no absolverá a quien use Su Nombre en vano”.
Esta semana leemos en la parashá Yitró los Diez Mandamientos. En mi opinión, el más enigmático de estos diez preceptos es el tercero, ya que no resulta sencillo comprender qué es exactamente lo que prohíbe. A lo largo de los siglos, este texto —y especialmente la palabra “tisá”— ha sido traducido de diversas maneras: no “pronunciarás” el Nombre de Dios en vano, no “tomarás” el Nombre de Dios en vano, no “invocarás” el Nombre de Dios en vano.
¿A qué se refiere realmente este mandamiento?
La interpretación rabínica Halajica clásica es clara: este mandamiento prohíbe jurar por el Nombre de Dios en vano o en falso. En la antigüedad, los juramentos se realizaban especialmente en el contexto de ciertos delitos menores, como casos de negligencia que ocasionaban un daño material. Si una persona era inocente, podía jurar por el Nombre de Dios para evitar el pago de una multa, por ejemplo.
Este mandamiento también se extiende al ámbito litúrgico e incluye la prohibición de pronunciar incluso una bendición mencionando el Nombre de Dios de manera innecesaria (berajá lebatalá).
NO MOSTRARSE MÁS DE LO QUE UNO ES
El rabino Shelomo Amar —ex Gran Rabino de Israel y actual Gran Rabino de Jerusalem— explica que el tercer mandamiento se extiende también a un terreno mucho más sensible y delicado: utilizar o representar el Nombre de Dios de manera falsa, con fines banales.
Un judío observante porta permanentemente el Nombre de HaShem sobre sí —en su kipá, en sus tsitsit o en su vestimenta— y, por esa razón, debe ser un ejemplo de integridad, buena conducta y modestia.
Cuando una persona simula religiosidad o piedad y se presenta como más piadosa de lo que realmente es; cuando adopta en público restricciones adicionales, eleva exageradamente la voz al rezar, realiza gestos teatrales o presenta comportamientos artificiales con el objetivo de aparentar mayor religiosidad e impresionar a quienes lo observan, esto constituye —según explica el Rab ‘Amar— una forma clara de invocar / portar el Nombre de Dios en vano. Simulando actuar por Dios cuando, en realidad, se actúa para impresionar a los demás. Esto es precisamente lo que el tercer mandamiento viene a prohibir.
SER, MÁS DE LO QUE UNO SE MUESTRA
Nuestros Sabios ilustran esta idea con una historia impactante. Ocurrió una vez que un comerciante judío viajaba de ciudad en ciudad camino de regreso a su hogar, llevando consigo una suma considerable de dinero, fruto de sus ventas. Un viernes, al llegar a una ciudad, entró a la sinagoga a media mañana y encontró a un hombre local con el Tefilín sobre su cabeza.
El viajero pensó para sí: “Seguramente puedo confiar mi dinero a esta persona. Alguien que lleva el Nombre de Dios sobre su cabeza no puede ser deshonesto”. Y así, le entregó su dinero y le pidió que se lo guardara.
Al finalizar el Shabbat, el comerciante fue a la casa de ese hombre para reclamar su dinero, pero para su enorme sorpresa, el hombre negó rotundamente haber recibido nada. “No me diste ningún dinero”, afirmó.
Desesperado, el viajero regresó a la sinagoga, se envolvió en su Talit y rezó:
“Señor del mundo, no confié en ese hombre porque lo conocía —nunca antes lo había visto—; confié en Tu Nombre, que él portaba sobre sí”.
Cuenta la tradición que esa misma noche le fue revelada al comerciante una contraseña que solo el hombre local y su esposa conocían. Con esa información, habló con la esposa, le hizo creer que lo enviaba su marido y así logró recuperar su dinero.
¿EL ÚNICO PECADO IMPERDONABLE?
Los Sabios explican que este episodio no fue un simple robo. El hombre local —que se aprovechaba de la imagen que representaba— había utilizado el Nombre de Dios para aparentar piedad y honestidad, engañando a quienes llegaban a esa sinagoga. Su objetivo era parecer observante para abusar de los demás. A diferencia de un “robo” común, quien utiliza el Nombre Divino para beneficio propio no será perdonado.
Efectivamente, el tercer mandamiento advierte explícitamente que quien “use el Nombre de Dios” NO SERÁ ABSUELTO de este delito. Este castigo es excepcional: es el único de los Diez Mandamientos sobre el cual la Torá subraya de manera explícita que Dios no absolverá a quien use Su Nombre en vano.
El Rab ‘Amar enseña que, a diferencia de quienes exhiben una piedad religiosa extrema en público para crear una imagen falsa de espiritualidad, un judío auténtico se conduce deliberadamente con humildad y no intenta “verse” en público más religioso de lo que es en privado. Reserva su intensidad y devoción espiritual para los momentos en los que se encuentra a solas frente a su Creador.
Un Yehudí debe tener mucho cuidado de no usar el Nombre de Dios —directa o indirectamente, voluntaria o involuntariamente— ni su imagen de judío observante por prestigio, beneficio personal o fines de lucro.
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