En enero de 2026, un video sacudió las redes sociales: un grupo de influencers de la llamada
“manosfera” cantaba y hacía el saludo nazi en una discoteca de Miami Beach mientras sonaba
“Heil Hitler”, la canción de Kanye West. Entre ellos estaba un joven de 20 años conocido
simplemente como “Clavicular”. Su presencia en esa noche dice mucho sobre cómo el odio
antisemita ha encontrado una nueva vía de entrada a la cultura popular: la obsesión por la
imagen.
¿Quién es Clavicular?
Su nombre real es Braden Eric Peters, nacido el 17 de diciembre de 2005 en Hoboken, Nueva Jersey. Durante la pandemia descubrió el mundo incel en 4Chan, donde encontró la filosofía del looksmaxxing: la idea de que la belleza masculina es un deporte que puede “entrenarse” con esfuerzo, disciplina y sustancias.
Peters se hizo conocido por inyectarse testosterona desde los 14 años y por consumir un “stack” diario de drogas y suplementos, incluyendo Adderall y metanfetaminas, en búsqueda de un cuerpo más delgado y definido. Su círculo popularizó el concepto del pentastack: una combinación de cinco sustancias —Adderall, DMX, Ketamina, BDO y Pregabalina— usadas para transmitir en vivo e interactuar con audiencias.
La noche en Miami: un saludo nazi en el VIP
Un video de 73 segundos desde un autobús de fiesta mostró a Andrew Tate, Tristan Tate, Nick Fuentes, Justin Waller, Myron Gaines, Sneako y Clavicular cantando la canción antisemita de Kanye West, haciendo el saludo nazi y riendo juntos. El club Vendôme los recibió como VIPs, y la canción fue reproducida múltiples veces durante la noche.
Cuando el video se viralizó, varios empleados del club fueron despedidos por haber puesto la canción a petición de los influencers. La presencia de Clavicular no fue accidental: él mismo ha dicho que “salvar la cultura europea” requiere esteroides y looksmaxxing, y que modeló su estrategia en redes sociales siguiendo el ejemplo de Nick Fuentes, uno de los promotores más activos del neonazismo en Estados Unidos.
La respuesta de las comunidades judías
La indignación fue inmediata y vino de múltiples frentes organizados:
Anti-Defamation League (ADL):
“¿Por qué una discoteca pondría una canción que glorifica a Hitler y fue
prohibida por múltiples plataformas de streaming? Imágenes ser judíos, salir a
divertirse, y estar rodeados de personas haciendo saludos nazis a una canción
que glorifica al responsable del asesinato de seis millones de judíos. Esto no
está bien.”
— ADL
Fundación del Centro Judío de Auschwitz:
“Corear el nombre de Hitler en una celebración, levantar el brazo en saludo, o
tratar esto como himno de fiesta, se burla de las víctimas y profana la memoria
de los muertos. Adolf Hitler orquestó el asesinato sistemático de seis millones de
judíos y millones de otros en el genocidio más industrializado de la historia.”
— Auschwitz Jewish Center Foundation
Gran Federación Judía de Miami, JCRC y Asociación Rabinica del Gran Miami:
“El uso casual de la glorificación nazi en cualquier espacio es repugnante,
profundamente dañino para nuestra comunidad e incompatible con los valores
de Miami Beach. Esta conducta normaliza el odio, envalentona a los extremistas
y retraumatiza a los sobrevivientes del Holocausto y sus familias.”
— Greater Miami Jewish Federation
Organización Sionista de América (ZOA):
La ZOA señaló una ironía brutal: varios de los influencers que celebraban a Hitler esa noche
habrían sido víctimas del propio régimen nazi. Sneako es haitiano y filipino; Andrew Tate es
afroamericano; Kanye West es afroamericano. Y aun así, celebran al hombre que los habría
exterminado.
El alcalde de Miami Beach, Steven Meiner —cuya familia fue asesinada en el Holocausto—
pidió una investigación completa y describió a los involucrados como personas enfermas y
dementes que glorifican a alguien que mató a seis millones de personas.
El patrón que debe preocuparnos
La Fundación del Centro Judío de Auschwitz advirtió que este espectáculo es un recordatorio
escalofriante de cómo la ideología extremista está siendo reempaquetada como
entretenimiento y moneda social en 2026.
El fenómeno Clavicular no es una travesura juvenil ni un malentendido cultural. Es parte de un ecosistema digital donde el antisemitismo se disfraza de culto a la imagen, de identidad masculina y de rebeldía estética. Estas colaboraciones transnacionales entre figuras del odio consolidan creencias extremistas —desde el neonazismo hasta la apología de la violencia— en el pensamiento de los jóvenes que consumen su contenido.
Cuando el odio se convierte en contenido, y el contenido en cultura, el silencio nunca es neutral.
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