Resumen de la Parashá Vaetjanán, Deuteronomio 3:23-7:11
Moisés le cuenta al Pueblo Judío cómo le imploró a Di-s que le permita ingresar a la Tierra de Israel. Di-s se negó, pero le indicó que ascienda una montaña para ver la Tierra Prometida.
Continuando con su “repaso de la Torá”, Moisés describe el Éxodo desde Egipto y la Entrega de la Torá, declarándolos eventos sin precedentes en la historia de la humanidad. “¿Alguna vez ocurrió este gran evento, o algo similar alguna vez se oyó? ¿Alguna vez un pueblo escuchó la voz de Di-s hablando desde el fuego…y vivió? … Tú viste, para saber, que Di-s es Di-s y no hay otro excepto Él”.
Moisés predice que, en generaciones futuras, la gente se alejará de Di-s, adorará ídolos, será exiliada de su tierra y esparcida por las naciones del mundo; pero allí ellos buscarán a Di-s y retornarán a observar sus preceptos.
Nuestra parashá también incluye una repetición de los Diez Mandamientos, y los versos del Shemá que declaran los fundamentos de la fe judía: la unicidad de Di-s (“Escucha Israel, Di-s es nuestro Di-s, Di-s es uno”); los preceptos de amor a Di-s, estudiar su Torá y “atar” estas palabras como Tefilín en nuestro brazo y cabeza, e inscribirlas en las Mezuzot fijadas en las jambas de nuestras puertas.
Pocas escenas en la Torá son tan desgarradoras como el inicio de la Parashá Vaetjanán.
Aquí encontramos a Moisés —el líder que enfrentó al Faraón, que abrió el Mar Rojo y que guio al pueblo durante cuarenta años por el desierto— suplicándole a Dios. La palabra Vaetjanán significa «imploré». Moshé pide un solo regalo: «Déjame cruzar, por favor, y ver la buena tierra al otro lado del Jordán».
Y la respuesta divina es firme: «Rav laj» — «Suficiente. No me hables más de este asunto».
¿Por qué? ¿Cómo es posible que al héroe de la historia se le niegue entrar al destino final?
Para el recordado Rabino Lord Jonathan Sacks, la respuesta a este enigma encierra una de las lecciones más profundas sobre la condición humana y el liderazgo.
El Rab Sacks enseñaba que la imposibilidad de Moisés de entrar a la Tierra Prometida no debe verse simplemente como un castigo, sino como una verdad fundamental de la vida: ningún líder, ninguna persona, completa la tarea por sí sola.
“Para cada uno de nosotros hay un Jordán que no vamos a cruzar”, decía el Rabino Sacks. “Lo que nosotros empezamos, otros lo completarán”.
Moisés fue el líder perfecto para sacar a un pueblo de la esclavitud. Su estilo de liderazgo respondía a las necesidades de una generación que había crecido bajo la opresión. Pero la generación que entraría a la tierra era diferente: había nacido en libertad. Para un nuevo capítulo en la historia de Israel, se necesitaba un nuevo tipo de líder: Yehoshúa (Josué).
Lo extraordinario de Moisés en Vaetjanán no es que no haya entrado a Israel, sino lo que hizo justo después de recibir el «no» de Dios.
No se rindió, no se llenó de resentimiento ni abandonó a su gente. Dedicó sus últimos días a enseñarles, a fortalecer a Yehoshúa y a preparar a la siguiente generación para que triunfara donde él no estaría.
El Rabino Sacks nos invita a reflexionar: la grandeza no consiste en ver la cima de la montaña, sino en sembrar las semillas para que quienes vienen detrás de nosotros puedan cosechar.
Nuestros sueños inconclusos no son un fracaso; son el testigo que le entregamos a la siguiente generación.
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