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Enlace Judío México e Israel – Uno de los personajes más interesantes y menos explorados de la Torá es el de Hagar la segunda esposa de Abraham a quien Sara corre de su casa en dos momentos. Hay muchas cosas de este personaje que no se entienden: ¿cuál fue el gran mérito que tuvo para que un ángel de D-os se le apareciera dos veces, o para que de ella nacieran grandes naciones? y ¿por qué su presencia representaba una amenaza para Sara e Isaac? Son preguntas que la tradición oral nos responde.

El origen de Hagar

Lo primero que se nos dice de Hagar en la Torá Escrita es que era súbdita de Sara y venía de Egipto, sin embargo, no se nos dice cómo fue que llegó a la casa de Abraham. Los midrashim, relatos de la tradición oral, le adjudican un linaje noble a esta sierva egipcia. Nos dicen que era hija del faraón con quien Abraham se hospeda años antes; que al ver la belleza moral de Sara y el poder que D-os le daba su padre dijo “Es mejor que mi hija sea sirva de esta casa que señora en otra” (Rashi y Bereshit Rabá) y por el mérito de su padre es que tuvo dicho honor.

Rashi y otros comentaristas destacan que la Torá alude a esté linaje noble cuando menciona su origen, pues de ningún otro siervo de Abraham se menciona su procedencia. Ello explicaría también la nobleza moral que demuestra y por qué sería digna de casarse y entrar en relaciones íntimas con Abraham.

Su nombre quiere decir “Ha – Agar” la recompensa, tradicionalmente se enseña que se llama así por que fue dada a Sara como recompensa de la pureza que demostró en Egipto. Sin embargo, la palabra “recompensa” puede tener muchos significados en el contexto bíblico, pues la confrontación entre las dos mujeres sería un evento que las haría crecer espiritualmente a ambas. Hagar podría mostrar a D-os el carácter tan noble y humilde que decidió forjar con el tiempo y por lo mismo sería recompensada ampliamente; mientras que Sara enfrentaría uno de los retos más grandes que cualquier mujer a asumido. En ese sentido “la recompensa” es tanto un reto como bendiciones que D-os dio a las dos mujeres. Sin embargo, en todo momento lo que más destaca es la humildad y la fortaleza de esta noble egipcia que por voluntad propia se volvió sierva.

El conflicto entre Sará y Hagar

Un detalle que a uno a veces se le escapa cuando lee la historia de Hagar y Sara es que Abraham no tomó como concubina a Hagar sino como segunda esposa. Es decir, Hagar adquirió todos los derechos y honores que una esposa tiene con respecto a su marido. La historia entre las dos mujeres de hecho se parece mucho más a la de Lea y Raquel que a la de Jacobo y las concubinas; pues las dos mujeres fueron apreciadas y amadas por Abraham.

Para el judaísmo la forma más elevada y perfecta de conocer a una persona y unirse espiritualmente a ella es a través de la unión sexual en el contexto marital. La unión que hubo entre Abraham y Hagar no careció de esa característica, pues fue un encuentro amoroso entre ambos.

¿Dónde empezó el problema? Con la arrogancia de Hagar. Sara sacrificó la intimidad con su marido para poder darle hijos y escogió a su dama de compañía para que cumpliera el rol de segunda esposa creyendo que estaría a la altura de la situación. Sin embargo, Hagar al ver que ella había concebido y Sara no, dejo de admirar y ver con buenos ojos a su ama; a la mujer que la había recibido en su casa, que le había enseñado y que ahora le permitía compartir a su esposo. Pensó que Sara no era tan recta y justa como aparentaba: “Sarai no es en su interior como demuestra al exterior. Aparenta ser una mujer virtuosa, pero en realidad no lo es. Pues ella no tuvo el mérito de quedar encinta durante todos estos años, mientras que yo quedé encinta al primer contacto sexual” (Rashi)

Este pensamiento infló su ego; la empujó a separase de la casa donde vivía y a verse a sí misma como superior a Sara. Algunos midrashim mencionan que incluso difundió el asunto entre las mujeres que la rodeaban ya sea por arrogancia o por preocupación. En cualquier caso Sara se vio afectada y recurrió a Abraham.

El reclamo de Sara

Dos cosas que no son claras en la Torá son: por qué Sara le reclamaría a Abraham las acciones de Hagar y por qué Abraham respondería de la forma en que hizo, si finalmente Hagar ahora también era su esposa. En el primer caso se nos dice que Abraham cuando rezó por un hijo no rezó por que ese hijo fuera con Sara, por ello la empujo a la situación en la que ahora se encuentra.

También es importante resaltar la grandeza del sacrificio que había hecho Sara, sólo una mujer con el autocontrol y madurez emocional podría aceptar un reto de esa magnitud, en el que se requiere sacrificar la intimidad con su marido con un fin más grande que el propio. Sara quería que Abraham y ella pudieran heredar a un niño la sabiduría y la riqueza que poseían. Ello les daría continuidad en el tiempo y los ayudaría a elevarse espiritualmente, mientras que la mujer escogida tendría el merito y la grandeza de casarse y estar con un hombre como Abraham y de que su hijo heredara de él un legado. Por ello Sara accedió a meter “una rival” a su casa, sin embargo, Hagar fue incapaz de ver el esquema de las cosas y colocó a Sara en posición sumamente dolorosa e incomoda, creando un desbalance en la casa, era necesario tomar acciones.

La respuesta de Abraham es un tanto críptica, parece evasiva. Algunos midrashim (relatos) y comentarios lo ven como que Abraham en efecto se desentiende de la situación y remarcan que por eso los hijos de Isaac sufrirían a manos de los hijos de Ishmael; mientras que otros señalan el amor que Abraham le tenía a Hagar: “Para mí ella es una esposa no tengo ningún derecho a tratarla duramente, pero para ti, ella es una sierva, si te maltrató haz como creas conveniente” (((Radak artscroll pg 71))).

El castigo de Sara

En cuanto a las razones que llevaron a Hagar a salir de la casa el pasaje nos dice que Sara la trató con dureza. Se dan muchas explicaciones a qué quieren decir estas palabras, están las que resaltan dichas acciones como una debilidad de Sara y las que la explican como una percepción distorsionada de Hagar. La primera interpretación nos dice que en efecto Sara incrementó el trabajo físico de Hagar con el objetivo de demostrarle su lugar dentro de la casa y que perdiera la arrogancia y el desdén que había empezado a mostrar.

La segunda por su lado nos dicen que Sara no incrementó el trabajo como tal de Hagar sino que Hagar ya veía como indigno trabajar para Sara en la forma que siempre lo había hecho. Esta respuesta precisamente se basa en la incongruencia de carácter entre la mujer justa y recta que Sara era y la imagen de una señora afligiendo con trabajo a su sierva. En cualquiera de los casos Hagar prefirió su orgullo e independencia a someterse al servicio de Sara y huyó al desierto. Una vez allí se le aparece un ángel que le recomienda regresar a la casa de Abraham y someterse nuevamente al servicio de Sara.

El desierto y el regreso

Todas las fuentes que comentan el suceso remarcan lo extraño del caso. Fuera de los patriarcas y otras figuras de la misma altura como Moisés, usualmente a quien se le aparece un ángel teme por su muerte, pues la santidad de un enviado de D-os es tan grande que suele matar al cuerpo. Sin embargo, Hagar reconoce que quien habla es un ángel sin mayor asombro. Ello indica dos cosas: que Hagar poseía una alta calidad moral para que el suceso pudiera se posible, y que estaba acostumbrada desde la casa de Abraham a sentir la presencia de criaturas como ésta.

El ángel le recuerda su lugar como sierva de Sara y ella lo acepta. En la frase “mi ama” que Hagar dice se encuentra todo el proceso de arrepentimiento que vivió. Está aceptando nuevamente la posición de segunda frente a Sara, y probablemente incluso entiende desde dónde operó la matriarca. El decidir regresar es uno de los actos de humildad más grandes que existen en la Torá. Pues acepta para el resto de su vida estar en una casa en la que ella jamás será la primera. Entiende que siempre será la segunda esposa de Abraham; que Sara mantendrá su dominio sobre ella y aún así lo acepta, pues al reconocer al ángel sabe que es designio divino. Acepta la voluntad de D-os y con ello el lugar que le dio en el mundo.

Por ese acto de humildad y devoción a D-os es que merece dar a luz a un hijo como Ishmael, que hereda el monoteísmo de su padre y se vuelve un patriarca grande entre las naciones.

Los hijos de Ketura

Más adelante Hagar e Ishmael tienen que salir nuevamente de la casa de Abraham. Sin embargo, al morir Sara, Abraham contrae matrimonio nuevamente con una mujer llamada Ketura. La tradición oral nos enseña que esta mujer es Hagar, y se le llama Ketura “porque sus obras eran tan bellas como el incienso (ketores)” o porque “se mantuvo casta (ketura en arameo) durante el tiempo que estuvo separada de Abraham.”

En cualquier caso sus méritos le otorgaron poder tener numerosos hijos con Abraham a los cuáles este heredó su sabiduría y conocimiento. Cuando se habla de los regalos que le dio a sus hijos Abraham antes de enviarlos al Este precisamente se habla de cierto tipo de espiritualidad que sólo existe en esas regiones.

Finalmente la fortaleza de Hagar consistió en el reto tan grande que tuvo en su vida, quizás no fue tan sabia y justa como Sara, pero tuvo que trabajar en su vida y aprender humildad para acercarse a D-os en la forma que lo hizo y en ello radicó su mayor virtud.

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Aranza Gleason se define a sí misma como una judía en el exilio. Nació con una raíz divida como su poeta favorita; busca y ama al judaísmo, pero como a los personajes que lee, éste, también se le escapa de las manos como el agua. Para hablar de Torá y mitzvot se basa en textos de rabinos ortodoxos, experiencias personales y clases a las que asistió. En cambio, para hablar de historia y cultura judaica trata de observar todo lo que hay; desde lo más hereje hasta lo más sagrado. Sabe que judaísmo encuentra en todos los rincones de la Tierra y se vive con todos los colores de la luz. Cuando escribe busca compartir y busca encontrarse. Espera profundamente que sus textos sirvan para que una persona descubra algo que le era desconocido y lo disfrute.

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