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Aranza Gleason – Una de las ideas básicas del judaísmo es que el mundo material depende del carácter moral hombre y no viceversa. Es decir, lo espiritual es lo que le da vida a lo físico y lo hace existir. El agua, la carne y el trigo alimentan nuestro cuerpo, sin embargo, sólo porque podemos apreciar su belleza y que podemos agradecer por ella es que existen. Pues el mundo fue hecho por D-os para que el hombre lo buscará en él. Las calles, las ciudades y los parques pueden cambiar con el pasar de los años, pero las buenas amistades, el amor a los padres y la asistencia al prójimo son eternas; obligadas al hombre y naturales en él. Si dejaran de existir, el mundo moriría con ellas.

Ese aprendizaje que la Torá enseña, a un cierto nivel todos lo tenemos; nadie cambiaría a un buen amigo por un buen carro. Sin embargo en el correr diario de los días y las presiones materiales se nos olvida y tendemos a abandonar las cosas que consideramos más importantes. Shabat primordialmente nos obliga a recordar este principio. Pues uno detiene el tiempo para dedicarlo a su casa y a D-os. Sólo salvar la vida nos permite dejar de respetar Shabat, y cumplir con este mandato es considerado uno de los más importantes que la Torá tiene; es uno de los Diez Mandamientos y el que más se repite de todos en la Torá, su importancia fuertemente radica en que trae al mundo dicho aprendizaje. A continuación me gustaría delinear algunas formas en que las descripciones que los rabinos hacen de Shabat refuerzan el principio moral. Esperamos les guste.

El descanso de D-os y la plenitud del mundo

El primer recuento que tenemos del Shabat en la Torá ocurre al narrarnos la creación del mundo. En esos pasajes se nos dice que D-os “cesó” su labor; una de las preguntas que es recurrentes entre los comentaristas es qué fue lo que creó D-os en ese instante, si toda la materia ya estaba formada qué se creó en el primer Shabat del mundo. La primera respuesta que se da es que se creó el descanso la posibilidad de descansar. Sin embargo, cuando se habla del descanso divino no podemos hablar de una restauración física del cuerpo, pues D-os carece de cuerpo; de qué tipo de descanso se habla. La respuesta que suele darse es que en ese momento la materia llegó a su plenitud pues D-os se posó sobre ella nuevamente. El cesé de la Creación material sucedió porque el mundo había llegado al punto más perfecto que se puede alcanzar y no había separación entre criatura y Creador. Lo material reflejaba en su totalidad la esencia de D-os. Se nos dice que Shabat es una probada del Mundo Venidero precisamente porque ese estado es eterno, no hay cambió porque ya es perfecto y el mundo venidero es un reflejo del Primer Shabat que hubo en el mundo.

El Shabat se considera la base del mundo porque ese estado que lo caracteriza es la razón por la que el mundo entero fue creado, es lo que le da vida al Universo y lo que guía a los hombres en sus acciones. Todo tiende hacia ese fin y al mismo tiempo surge desde ese punto. Por eso se considera el Shabat el origen de la vida y se nos dice que los seis días de la Creación existieron gracias al Shabat. En el Talmud existe una discusión si uno se pierde en una isla y no tiene clara la sucesión de los días de la semana, si debería empezar a respetar Shabat el primer día que pasa en la isla o el séptimo. Pues Shabat fue el primer día que el hombre estuvo en el mundo. Pues es Shabat el que da vida al resto de los días de la semana y gracias a Shabat es que existen.

Esa idea se ve reflejada en la forma en que respetamos Shabat, uno descansa en Shabat de cualquier trabajo creativo se haya ganado ese descanso o no. Estamos acostumbrados a pensar que uno debería dedicarse a la contemplación, el crecimiento espiritual y la convivencia familiar sólo cuando se lo ha ganado; cuando lo material está resuelto para uno y se merece un premio. Sin embargo, estamos obligados a descansar en Shabat lo merezcamos o no porque Shabat no es consecuencia de nuestro trabajo, es el motivo por el que trabajamos y lo que le da fuerza al mismo. Además es un mandato divino que tiene injerencia en el mundo independientemente de nuestras acciones.

Finalmente al parar de todo trabajo creativo se nos impulsa a aceptar el mundo como fue creado a percibir la armonía que hay en él sin nosotros, a reconocer a D-os como Creador y aceptar la realidad que nos rodea. En Shabat no cambiamos nada, las cosas permanecen como están eso hace que todo lo que hagamos tenga una finalidad espiritual, pues no puede ser utilitaria; que tengamos tiempo para la contemplación y que imitemos el estado que se alcanza en el mundo venidero, pues nada cambia materialmente en este día. Ese es el corazón del Shabat y la razón por la que guiado a los judíos a lo largo de la historia.

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Aranza Gleason se define a sí misma como una judía en el exilio. Nació con una raíz divida como su poeta favorita; busca y ama al judaísmo, pero como a los personajes que lee, éste, también se le escapa de las manos como el agua. Para hablar de Torá y mitzvot se basa en textos de rabinos ortodoxos, experiencias personales y clases a las que asistió. En cambio, para hablar de historia y cultura judaica trata de observar todo lo que hay; desde lo más hereje hasta lo más sagrado. Sabe que judaísmo encuentra en todos los rincones de la Tierra y se vive con todos los colores de la luz. Cuando escribe busca compartir y busca encontrarse. Espera profundamente que sus textos sirvan para que una persona descubra algo que le era desconocido y lo disfrute.

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